viernes, 20 de noviembre de 2020

¿QUÉ ES LA LITERATURA FRACTAL?

 


                    

Para responder a esta pregunta nos tenemos que remontar al año 1497 cuando un monje italiano, Lucca Paccioli, dio a conocer lo que era “la divina proporción”, título del libro de su autoría donde explica los secretos de la “sección áurea”, proporción matemática que se basa en una regla de tres para establecer el equilibrio adecuado entre las partes de un todo. Esta división armónica ya fue utilizada desde la antigüedad, y casi siempre en arquitectura, por los egipcios, griegos y romanos, y más tarde en pintura por los grandes maestros del renacimiento, para establecer las reglas que les permitieran lograr una perfección compositiva.

Aquí nos damos cuenta de la importancia del “número” (lo cuantificable, lo que se puede medir), algo que ya dedujo la Escuela Pitagórica cuando equiparó la realidad al número; para ella los números gobiernan al mundo y el Universo es ritmo, o sea, que lo cuantitativo está presente en todo. A partir de ahí es comprensible que, para imitar el patrón superior, el hombre tratara de unir las matemáticas y el arte en búsqueda de la perfección: catedrales, esculturas, pinturas, todo hecho respecto al número, las matemáticas aplicadas al espacio: la geometría.

“Geometría”, ésta es la palabra, el punto de partida hacia lo fractal, pues lo fractal pertenece a un modelo geométrico donde la sección áurea se equipara a una semilla sin germinar. Y ahora, a este respecto, aunque sea por semejanza botánica, me remito al concepto de “rizoma” en el que Gilles Deleuze y Félix Guattari se basan, según nos explican en su libro Mil Mesetas, para organizar un sistema de multiplicidad que se expande a través de diferentes estructuras que son análogas a los rizomas de las plantas, y así explicar, con esta metáfora, los nuevos comportamientos sociales en el capitalismo tardío. El concepto de rizoma es bastante similar, en su estructura organizada, a lo que se desprende del orden fractal, con la salvedad de que en este segundo término los elementos que lo componen son más limitados y se generan a partir de sí mismos: son “recursivos”. Los fractales serían como una semilla geométrica que, al germinar, mediante la intervención de un proceso de algoritmos matemáticos, se expandiera de forma semejante al rizoma de una planta: un punto de fuga al inverso generado por la repetición de sus mismos elementos.

Esta expansión fractal la podemos encontrar, de manera concéntrica, en el origen y evolución del Universo, según las teorías del “Big Bang” (de Georgy Antonovich Gamov, en 1948) y la “Inflacionaria” (de Alan H. Guth, en 1981). Millones de estrellas y planetas en expansión, donde con ellos también se propagan el tiempo y el espacio, cuando nuestro mundo, nuestro planeta y nosotros, somos una minúscula partícula de todo ese entramado, de tal modo que nos encontramos, como individuos, en un mega-sistema de semejantes características: dentro de una sociedad que está compuesta por una especie humana, que puebla y se relaciona de manera fractal, dentro de un planeta que forma parte de un sistema solar que forma parte, a su vez, de un Universo de características fractales. Por tanto, estamos marcados por la fractalidad desde lo más profundo de nuestro ser hacia el exterior: átomos, moléculas, células, tejidos, órganos… hasta completar un cuerpo que está regido por un cerebro con millones de neuronas interconectadas fractalmente. Toda partícula forma parte de un algo y ese algo es la parte de un complejo superior que es la parte de otro que lo supera en magnitud, o sea, que nuestro Universo y nosotros mismos estamos determinados, sin lugar a dudas, por un orden fractal.

La Real Academia Española de la Lengua nos ofrece la siguiente definición: “Un fractal es una figura plana o espacial, compuesta de infinitos elementos, que tiene la propiedad de que su aspecto y distribución estadística no cambian cualquiera que sea la escala con que se observe.”

Ya, más o menos, nos vamos haciendo una idea de lo que es un fractal: un sistema complejo que se multiplica hacia el infinito a partir de sí mismo o, como lo definen en Wikipedia: “Un fractal es un objeto geométrico cuya estructura básica se repite en diferentes escalas. El término fue propuesto por el matemático Benoit Mandelbrot en 1975. En muchos casos, los fractales pueden ser generados por un proceso recursivo o iterativo, capaz de producir estructuras auto-similares independientemente de la escala específica. Los fractales son estructuras geométricas que combinan irregularidad y estructura.” Esta última explicación, desde luego, es mucho mejor que la de la Real Academia Española, y, a partir de ella, nos hacemos una idea de lo que es un fractal.

Ahora, ya teniendo el concepto establecido, podemos partir desde este punto para llevar su aplicación a la literatura.

Está claro que a una oración, compuesta por un sistema de signos con sus significados y significantes, no se la puede someter a la secuencia de un algoritmo fractal pues perdería su coherencia sintáctica; pero lo que sí se puede es imitar los modelos fractales, respetando la sintaxis, para generar oraciones y textos que conformarán lo que se puede denominar como “literatura fractal”. Por tanto, la literatura fractal sería aquélla que multiplica los signos lingüísticos, dentro de un orden sintáctico, como si se tratase de un juego de espejos que busca en esa repetición, en ese juego, una dinámica dentro de lo infinito, de lo laberíntico o lo circular; o dicho de una manera más sencilla: la literatura fractal es aquélla donde se multiplican por sí mismos los elementos que la componen.

Existen dos artículos en la “web” que tratan de fijar este concepto. El primero, que parece lleva por título Literatura fractal, es de Alberto Viñuela y data del 29 de julio del 2001. El segundo, Literatura y el infinito, es un trabajo escolar que, por su estructura, parece que se basa o toma como modelo el de Alberto Viñuela, aunque aporta, dentro de su brevedad, alguna idea nueva y creaciones propias; está publicado sin fecha y sus autoras son: Tatiana Pérez Veiga, Martina Piñeyrúa y Eugenia Espona.

Alberto Viñuela nos define así la literatura fractal: “Llamo literatura fractal a todo aquel escrito que manifiesta propiedades similares a las de los objetos fractales, centrándose sobre todo en los elementos recursivos, es decir, que hacen referencia a sí mismos.” Alberto Viñuela nos propone diferentes maneras para lograr este objetivo, mediante, por ejemplo, las “tautologías” (repetición de un mismo pensamiento dicho de distintas maneras), “historias cíclicas” (que empiezan y terminan, tras su desarrollo, con un concepto similar que une el principio y el final), “cajas chinas y cajas chinas cíclicas” (historias que contienen a otra historia y, a su vez, a otra historia…), y luego continúa, después de presentar ejemplos de diversos autores para cada uno de estos enunciados, abordando los temas de la “Ficción científica y los lenguajes fractales”, “La recursividad en la literatura religiosa”, para terminar su exposición con citas de algún que otro escritor conocido.

El otro trabajo, que se reduce más a la simple idea de lo infinito y su relación con la literatura, hace referencia a las paradojas de Zenón de Elea y sus juegos con el espacio-tiempo, para completar su desarrollo con un resumen de la ya comentada propuesta de Alberto Viñuela.

En ambos casos, para ilustrar sus planteamientos, aparece la figura y obra de Jorge Luis Borges como máximo exponente para este tipo de literatura.

 

ANTECEDENTES LITERARIOS

Son dos grandes escritores los que han desarrollado su literatura, ya sea de manera consciente o no, bajo la influencia de un pensamiento cuya teoría y nombre fue posterior a la fecha de la publicación de sus obras (ya que fue en el año 1975 cuando Benoit Mandelbrot propuso el término “fractal”). Estos dos autores son: Franz Kafka y Jorge Luis Borges.

El Proceso y El Castillo son las dos novelas de Franz Kafka que están escritas bajo un marcado predominio de lo fractal. En las dos se expresa la imposibilidad del individuo frente a los mecanismos absurdos del poder, sus burocracias y sus mentiras. En ellas sus protagonistas han de seguir una tortuosa ruta, mental y física, para enfrentar una realidad que les sobrepasa con una serie de problemas que se encadenan sin encontrar nunca un final, repitiéndose dentro de un laberinto legal que somete al individuo frente a las arbitrariedades del poder que le gobierna y sus representantes. Este modo argumental tiene una gran similitud con lo que establece la dinámica fractal, de algo que empieza desde un punto concreto para expandirse en el espacio o en el tiempo, multiplicándose de manera iterativa, como son, en el caso kafkiano, el problema y el absurdo que lo genera, los elementos que se repiten una y otra vez a lo largo de la trama, en una lucha ideológica en donde las partes involucradas multiplican, a su vez, todos los motivos que demuestran cada acto para buscar su propia justificación. La progresión fractal de los elementos argumentales, en estas dos novelas, hacen de la narración un complejo sistema que se determina como lo más característico e importante dentro de la estructura de la propia obra literaria. La figura del absurdo se reproduce por sí misma para expandirse, con todos sus elementos connotativos adyacentes, hacia una lógica fractal que se constituye como el componente primario del término que se conoce como “kafkiano”.

Respecto a Jorge Luis Borges (declarado admirador de Franz Kafka), en parte de su obra está presente, en mayor o menor grado, una perspectiva fractal que se caracteriza como lo más significativo del universo literario borgeano. En sus creaciones podemos encontrar personajes inmortales, memorias que logran existir a través del tiempo y fuera del primer cuerpo que las contuvo, edificaciones laberínticas e imposibles, libros cíclicos que terminan donde empiezan y que se reproducen en el tiempo, laberintos y más laberintos, granos de arena que se multiplican en sueños, una esfera donde se concentra el Universo entero en sus diferentes configuraciones, los espejos y sus reflejos, sus juegos con el tiempo y el espacio, el giro sorpresivo de sus historias; todo ello, y su inteligencia, está tocado por el orden preciso de lo fractal. Aquí, no debemos confundir su tremenda erudición con esa inteligencia suya, que se basa, precisamente, en el juego que hace con la existencia, con lo metafísico y el devenir, con lo que se esconde detrás de las palabras y sus ideas, lo que permanece como fondo de su literatura, libre de toda superficialidad, para adentrarse a descifrar los enigmas de esa misma inteligencia.

Estos dos grandes escritores han conseguido el reconocimiento por medio del estilo conceptual de sus historias, y a partir de una mirada fractal que recrea una nueva dimensión de la realidad, lo que, sin lugar a dudas, supuso un cambio de perspectiva en los horizontes de la literatura.

Ahora, tras haber señalado estos antecedentes, del tema que nos ocupa, cabe mencionar la existencia de dos textos que lo refieren: Manifiesto del Fractalismo y Manifiesto Fractal.

El Manifiesto del Fractalismo, cuya autora es Eva Neuer con fecha 27 de septiembre del 2000, es un manifiesto de aspiraciones universalistas, o sea, que trata de abarcar todas las manifestaciones del ser humano dentro de su rol social y como ente individual. Eva Neuer parte del concepto de fractal para conformar una nueva postura fractalista y, a través de esta visión, acercarse al mundo. Este manifiesto, con todas sus propuestas, se ciñe a lo que marca el orden fractal y se justifica a través de él con un texto netamente fractal. El hombre, a fin de cuentas, es un elemento singular dentro de un Universo fractal, que debe estar en armonía con su entorno por el hecho de pertenecer a él y por ser consciente de ello. Como todo manifiesto universal, es una exposición de ideas utópicas que, por serlo, no dejan de ser admisibles y que invitan, según su autora, a reflexionar para convertir un principio de búsqueda interior que ha de manifestarse hacia el exterior.

Otro caso distinto es el Manifiesto Fractal, cuya autoría es de Héctor A. Piccoli con fecha de marzo del 2002, que es literario y atañe exclusivamente a la poesía. Con este manifiesto trata de justificar el rescate de la musicalización como medio para contrarrestar una prosificación que, a su parecer, debilita el hecho poético. Critica la prosificación pero no formula su propuesta de manera concreta y menos en relación al orden fractal, pues en ningún momento se sirve de los conceptos fractales (que no los explica ni mucho menos los utiliza) para justificar su postura de “repensar la esencia rítmico-musical del verso”, y, a través de este planteamiento, “repoetizar la poesía”. Propone, también, “trabajar con el ordenador” (sin explicar en qué sentido), y hacer poemas generativos, interactivos y esencialmente plurales, respecto a las unidades de un poemario compuesto por varios poemas, para terminar diciendo que así entrarán en el “laberinto y no sólo en el endecasílabo”. Queda la sensación, tras leer este manifiesto, que su autor se sirve del término fractal para formular un ideario en el cual lo fractal es una excusa, además de caer en la superficialidad de una poética que se basa, casi exclusivamente, en el ritmo y la musicalidad, cuando lo importante de la poesía es lo que se dice entre líneas, lo que se esconde detrás de las palabras, lo que evoca: lo que hace que no sea una simple canción.

 

EJEMPLOS DE LITERATURA FRACTAL

Los ejemplos con los que a continuación trataré de ilustrar, de manera práctica y detallada, todo lo expuesto hasta ahora, son de mi autoría y con ellos, he de admitir, no se agotan las posibilidades en la búsqueda de lo que es la literatura fractal.


Desdoblamientos:

Ya nada es igual desde que salí por la puerta y me quedé solo en casa, frente al televisor. Ahora bajo por las escaleras y sigo aquí, sentado en un sillón, pensando en mí que ya estoy en la calle. Continúo con el paso y me dirijo hacia otro lugar, donde pueda reconocerme sin ninguna duda, ya fuera de esta habitación… Allí estoy, sentado en un banco del parque; al pasar por mi lado me saludo: “Hola, ¿cómo estás?”, me respondo. “¿Y tú?”, me pregunto. “Bien, muy bien; sentado aquí en el sillón frente al televisor”, termino por contestar… Ya nada es igual desde entonces, porque ya no estoy aquí, ni en el parque, ni caminando; sólo sé que algún día seré lo que no soy y estaré donde no estoy, pues todo lo ignoro sobre este asunto tan incomprensible.


Visión Caleidoscópica:

Estoy afuera y veo a los de adentro, pero ellos no me ven, y eso que les hago señales con los brazos para llamar su atención. Ellos giran a mi alrededor sin mirarme, pues caminan con la vista fija en el suelo mientras cuentan sus pasos. Son catorce hermanos idénticos que dan vueltas dentro de una habitación circular, o uno solo frente a trece espejos fraccionados. No lo sé; trataré de detectar cualquier movimiento distinto en ellos. Por ahora es imposible, no puedo ver nada más que mis pies al caminar, cuando siento que alguien me observa desde afuera moviendo los brazos para llamar mi atención. Creo que son trece hermanos idénticos a mí.

 

Dinámica Circular:

Vasta es su mirada, penetrante, tanto que la noto dentro de mi cabeza, inspeccionando los recovecos de mis pensamientos y mucho más allá, para adivinar lo que ahora no pienso y luego pensaré; así, se anticipa siempre a mí… Ahora siento que él, con su vasta mirada, soy yo; porque no me deja ser, porque asume todos mis actos antes de que yo los pueda realizar. Vive mi vida antes que yo, piensa y habla antes de que yo lo pueda hacer. Me roba el pensamiento y la palabra, y camina todo el día frente a mí con su vasta mirada, penetrante, tanto que la noto dentro de mi cabeza inspeccionando los recovecos de mis pensamientos y mucho más allá, para adivinar lo que ahora no pienso y luego pensaré.

 

Dinámica Cíclica:

El agua cae del cielo y no hay nubes, sólo una atmósfera transparente, pero el agua, como un torrente, me deshace como si fuera un terrón de azúcar. Mi sustancia, diluida en el agua fluvial, corre por las hendiduras de la piedra, escurriéndose hacia lugares desconocidos, tanto como esa agua caída de un cielo transparente y sin nubes, la misma que me deshizo como un terrón de azúcar, para escurrirme hacia los rincones de un paraje que se mojó con mi sustancia y con el agua inesperada de un cielo transparente y sin nubes, que se precipitó como un torrente sobre mí.

 

Dinámica Laberíntica:

Dentro de cualquier duda hay otra duda que se originó en esa incapacidad para definir cuál es la duda que la contiene, círculo en movimiento que se expande y regenera, que se alimenta de la propia ausencia de decisión. Las probabilidades se ven todas inadecuadas, cuando ninguna se impone sobre la otra y la duda en sí. Nada es posible y todo lo es, probabilidades que ahora se contienen dentro de esa duda, que la procuran. Más allá de cualquier duda hay otra duda, más allá de cualquier razón hay otra razón. Razones para la duda, dudas para razonar. Probabilidades escondidas tras la razón y la elección, para acabar con la duda que nació a partir de esas mismas probabilidades, de la duda contenida dentro de otra duda y de su incapacidad para no dudar.

 

Dinámica en la Repetición:

Él dice que yo digo lo que no pienso, y seguro que piensa que no digo lo que pienso; eso es lógico porque una cosa es lo contrario de la otra, pero así dicho, según lo pienso, suena bien; aunque, como digo lo que no pienso, no puedo pensar según creo lo que pienso, ya suene bien o sea cierto; pero esto es así desde el punto de vista de cómo él lo piensa y no cómo yo lo pienso; pero al final, estas cosas de creer lo que piensa cada cual, cuando se habla sobre lo que piensa o dice el otro, son cuestiones de ser pensadas.

 

Dinámica de Mutación:

La naturaleza muda con las estaciones, como cuando yo me quedo sin palabras. La voz ya no me sale, ya sea por falta de ideas o afonía. Lo peor es la afonía mental que me asalta en las mañanas nada más despertar, laxitud de la memoria que se extiende hasta tener el desayuno sobre la mesa, para luego mudar desde ahí hacia mi estómago. En la ducha me despierto de verdad, cuando se levantan las palabras que mudan en ideas, para que la afonía desaparezca de mi garganta. En ese transcurso de tiempo, como una muda de estación, pasó una mujer sin decir una palabra y tomó el tren que realiza su trayecto entre el verano y el otoño. Ahora las hojas secas mudaron de las ramas para formar una alfombra sobre el suelo, y la mujer camina, al llegar a su destino, con un paraguas sin tela por encima… Pero luego todo cambió de lugar, la señora muda y las estaciones que mudan, pues al abrir la puerta y salir de la casa me topé con el invierno. No me gusta el frío porque me deja más que mudo, no lo puedo soportar y regreso hacia la casa. Entonces, es cuando cierro los ojos y pienso en la primavera para que todo mude dentro de mi ser.

 

Juego de Espejos:

Cuando la vi por segunda vez ella no estaba, se había ido. Menos mal que la llevé conmigo, en la emulsión de plata de la película fotográfica que luego revelé. Del negativo la pasé al positivo con un chorro de luz y luego la fijé sobre el papel bajo los líquidos. Entonces apareció poco a poco, mirándome a través del fluido. De pronto me pude ver reflejado en sus pupilas, mi silueta y también frente a ella dos veces: en ese instante y cuando tomé la fotografía; instantes triplicados pues ella también estaba en mi memoria. Tantas veces, tantos reflejos, tan engañosa la realidad, como un juego de espejos multiplicando sin querer todos los instantes.

 

Dinámica Concéntrica:

Cuando llegué a aquel lugar ya no estaba, se había ido o se lo habían llevado. Sólo encontré un tremendo vacío, como el de antes de ser gestado, cuando ni siquiera suponía un proyecto en la mente de mis padres. Allí, en este lugar inexistente, decidí esperar con la esperanza de advenir el principio y con la sospecha de que podría estar muerto… El despertar, en este caso, sería el regreso del lugar y a la vez el mío a él, algo que nos uniría en una misma dimensión. Y ahí continué, en el trance de la espera, sin existir y rodeado de esa nada, como un pensamiento único tratando de descifrar qué pasó con ese lugar desaparecido que tal vez fuera mi propia vida, la que aún me niego a admitir en su extinción. Espero que todo sea un mal sueño y, al despertar, me encuentre con algo más de un pensamiento para saber que existo.

 

Proceso Invertido:

“Visiones invisibles”, así dicho, tiene una doble interpretación: ¿Es invisible lo que no se ve o lo es el acto de mirar? El primer caso sería la nada, el segundo una mirada vacía; visión invisible en las dos. ¿Qué más dará entonces lo uno o lo otro, cuando, a pesar de que en esencia son diferentes, el resultado es idéntico? Ambos se contienen en sí mismos, con una negación y una afirmación que los conduce hacia la nada y al vacío. Así son todas las visiones invisibles, no existen, y aquí, por tanto, tú no has leído nada.

 

Así se puede experimentar en la búsqueda de nuevas formas de literatura fractal, cuando estos ejemplos, en su reformulación, se podrían mezclar entre ellos en un sinfín de probabilidades dentro de una lógica fractal.

Y aquí termina esta breve exposición, con la que espero haber contribuido a sentar las bases o clarificar qué es la “Literatura Fractal”, concepto hasta ahora un tanto difuso y desconocido, pero que siempre ha estado ahí, en su esencia, sin que lo sepamos, en nuestro Universo y dentro de nuestro ser.

 

Pablo Paniagua, 09 junio de 2007.

 

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:

 

1.- Umberto Eco (ed.): Historia de la belleza. Barcelona: Lumen, 2004.

2.- Gilles Deleuze y Félix Guattari (ed.): Mil Mesetas: capitalismo y esquizofrenia. Valencia: Pre-Textos, 2000.

3.- Stephen Hawking (ed.): Breve Historia del Tiempo. Barcelona: Planeta, 1992.

4.- Benoit Mandelbrot (ed.): La Geometría Fractal de la Naturaleza. Barcelona: Tusquets, 2002.

5.- Franz Kafka (ed.): El Proceso. México: Tomo, 2002.

6.- Franz Kafka (ed.): El Castillo - América. México: Tomo, 2006.

7.- Jorge Luis Borges (ed.): El Aleph. Madrid: Alianza, 1997.

8.- Jorge Luis Borges (ed.): Ficciones. Madrid: Alianza 1997.

9.- Jorge Luis Borges (ed.): La memoria de Shakespeare. Madrid: Alianza, 1997.

10.- Área Fractal - Literatura Fractal: http://www.arrakis.es/~sysifus/litfr.html

11.-Literatura y el Infinito:http://www.oni.escuelas.edu.ar/2002/buenos_aires/infinito/literatu.htm

12.- Manifiesto del fractalismo: http://www.galeon.com/fractalismo/

13.- Manifiesto Fractal: http://jamillan.com/celpic.htm

14.- Literatura Web - Palabras Fractales: http://www.pablopaniagua.blogspot.com/ 


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lunes, 28 de abril de 2014

JUAN PABLO II, UN SANTO PARA LOS PEDERASTAS



Ilustración: Flavio Cossovel


Los pedófilos pueden estar satisfechos, ya tienen un santo para celebrar el aprovechamiento sexual de los menores de edad gracias a la Santa Iglesia Católica Apostólica y Romana que, como es habitual, continúa su juego de hipocresía ante el mundo mediante la tergiversación de la palabra de Jesús.

Está debidamente documentado y comprobado que Juan Pablo II, a lo largo de su mandato como máximo dirigente de la Iglesia Católica, ocultó y favoreció el abuso sexual a menores de edad por parte de sacerdotes católicos, así como el apoyo y protección incondicional a su amigo el padre Marcial Maciel, cabeza de los Legionarios de Cristo, que ya había sido denunciado por delitos de pederastia ante la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe.

El 23 de febrero del año 1997 se publicó en el Connecticut Hartford Courant (periódico impreso en EE.UU.), una carta de denuncia por parte de ocho miembros de los Legionarios de Cristo, acusando a Juan Pablo II y al entonces cardenal Joseph Ratzinger de denegación al acceso de la justicia, para denunciar por actos de pederastia al padre Marcial Maciel. Más tarde, el 17 de octubre 1998, los afectados presentaron una denuncia canónica por estos mismos hechos ante la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe; pero el Papa Juan Pablo II, ya teniendo conocimiento de estas denuncias y de otras tantas, referentes a la conducta inmoral y delictiva del padre Marcial Maciel, el 26 de noviembre del año 2004 le ofreció al acusado su respaldo público en una fastuosa misa por sus sesenta años como sacerdote, con la alabanza de “que estaba colmado de los dones del Espíritu Santo”, mientras que los afectados recibían como respuesta el silencio y el desprecio.

Los hechos arriba mencionados son una muestra de la conducta inmoral de Juan Pablo II y del cardenal Joseph Ratzinger (ahora conocido como Benedicto XVI) que en aquellos días estaba al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe y que recibió las denuncias de las víctimas, de violaciones y abusos sexuales por parte de sacerdotes, constituyendo la permisividad y el encubrimiento el proceder delictivo de los más altos dignatarios de la Iglesia Católica. Los casos de pederastia hasta ahora denunciados, durante el papado de Juan Pablo II, ascienden a más de 4.000. Alabado sea el Señor (entiéndase Satanás) y sus representantes…

Ahora, por si no fuera suficiente, Francisco I, el nuevo Papa que profesa un discurso aperturista, demuestra que, con la canonización de Juan Pablo II, en realidad es un hipócrita que fomenta una “campaña de humo” para continuar sin castigar a los pedófilos, con el añadido, a modo de insulto para las víctimas, de un Santo para homenajear dichos delitos dentro de una Iglesia que tergiversa la verdadera Palabra de Jesús.

La Iglesia Católica, con el engaño, la manipulación y la hipocresía, aún continúa manchando la imagen y el nombre de Jesucristo con una serie de actos que representan todo lo contrario de su ideario moral. Francisco I prosigue el camino de sus predecesores, la despreciable senda que oscurece el verdadero mensaje, para seguir tomando el nombre de Dios en vano por medio de la tergiversación de un profeta verdadero. Ya estamos en los tiempos del Apocalipsis y éste será el último Papa de tan execrable religión del mal (ahí se va de la mano con el Islam –perduran gracias al caldo de cultivo de la ignorancia–). Ahora santifican a un criminal dentro de una Iglesia criminal, suponiendo que así serán todos sus santos: simples imágenes de ídolos paganos para adorar.

Levanto la voz porque no puedo ser partícipe de la hipocresía que inunda muestro mundo, más cuando se valen de la religión para aprovecharse sexualmente de los niños indefensos, mientras que los culpables no son castigados. Ahora un delincuente, como es Juan Pablo II, es canonizado como símbolo de la degradación moral que siempre ha guiado los pasos de la Iglesia Católica, esa Puta de Babilonia que no hizo nada más, a lo largo de su historia, que apropiarse groseramente del mensaje y la imagen de Jesucristo, para, con tal manipulación, ofrecer una versión falaz y degradada de dicho profeta.

Ahora Juan Pablo II es el santo de los pederastas, y así será recordado por siempre. Amén.

Pablo Paniagua, a 26 de abril del 2014.


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miércoles, 12 de septiembre de 2012

BIENVENIDOS AL APOCALIPSIS







Por favor, sean bienvenidos. Pasen y tomen sus asientos, el espectáculo ya comenzó, su lugar está con todos nosotros. Este mundo se hunde y seremos espectadores, a través de los medios de comunicación, del mayor espectáculo jamás retransmitido: el ocaso de la Humanidad. Esto me remite a esos programas basura de la televisión, un reality show global del cual seremos testigos y a la vez protagonistas. Pero no debemos quejarnos, es una época trascendental para la evolución de nuestra especie, no todos tuvieron la oportunidad de asistir al Apocalipsis.

El sistema capitalista, esa ilusión del materialismo, se desmorona, es la gran mentira de un dinero que nada vale porque se basa en deuda. Entonces, ¿cuál es el problema? Que impriman billetes verdes y los repartan para acabar con la pobreza, para que todos seamos ricos. Nuestros gobernantes, ni siquiera, tienen imaginación para eso. Los Estados Unidos de América, por ejemplo, se prestan a sí mismos un dinero que no tienen, que por tanto es deuda, y esa ficción, el entramado financiero del capitalismo mundial, nos lo venden como la única realidad mientras utilizamos y tratamos de acumular un dinero que no vale nada. Los bancos y entidades financieras se van a la quiebra, por falta de liquidez, y los gobiernos los rescatan inyectando un dinero que en teoría es de los ciudadanos. ¿No sería mejor dar ese dinero directamente a las personas, revertirlo en la sociedad? ¿Por qué dárselo a los ladrones que demostraron su incompetencia? Si el monto de los rescates bancarios recayera sobre la sociedad, sobre los amenazados de perder sus depósitos y ahorros, se activaría el consumo interno y así la economía, pero lamentablemente los poderosos continúan su juego en beneficio propio: ellos están arriba y necesitan al resto de la sociedad para explotarla de acuerdo a sus intereses, porque ellos son los dueños de ese dinero inexistente. He ahí el gran engaño del capitalismo; y entretanto, para mantener dicha ficción, el grueso de la sociedad tiene que ver recortados sus derechos civiles y pasar por mil calamidades.

Una pregunta ahora se hace obligada: ¿Debemos creer en nuestros gobernantes? La respuesta es muy sencilla: Las democracias de hoy son regímenes totalitarios disfrazados de democracia, sistemas político-económicos que trabajan en beneficio de un grupo de especuladores y en menoscabo del conjunto de la sociedad. Eso no es democracia, es una farsa. Nuestros gobernantes, nuestra clase política, son especuladores de la nada, del crimen, de la miseria y la mentira. Así, no resulta extraño que este mundo se dirija directo hacia la distopía. El bien común no interesa a los poderosos porque la avaricia es su signo, y siguen jugando en los “casinos” con las primas de riesgo, las divisas y los paquetes accionariales de las empresas que no les importa arruinar. ¿Dónde está la democracia? No existe, es otra ficción. Así es su juego…

No hay que ser demasiado inteligente, ni tener dotes paranormales, para avizorar lo que está en el horizonte: inestabilidad económica, descontento social, protestas multitudinarias, alzamientos, disturbios, revoluciones, golpes de estado, supresión de derechos civiles y conflictos armados. El sistema capitalista se hunde y la salida más lógica, para nuestros gobernantes, será la guerra: colocar el uniforme militar a los descontentos para que den la vida y defiendan una supuesta patria amenazada, cuando en realidad es una maniobra para quitarlos de en medio luchando por los intereses de una minoría, porque los ciudadanos están, en todo caso, para ser manipulados. El choque de civilizaciones es inevitable, las guerras entre Oriente y Occidente aderezadas con el caldo de cultivo de la enajenación religiosa musulmana, que en un proceso esquizofrénico sitúa la idea de un Dios, que ni siquiera comprende y quizá no exista, como la guía de su existencia. Enajenación tan similar a la de nuestros políticos que se pelean por dirigir el mundo enajenado que ellos mismos promueven, un mundo bajo amenaza, pues para ello fabricaron el armamento para el exterminio. Así están las cosas: los seres humanos son como borregos que esperan su turno en el matadero. De eso se trata el Apocalipsis.

La esperanza está después de la derrota, el nacimiento del hombre posthumano que vivirá en paz y en armonía con sus semejantes en el Planeta Tierra. Mientras tanto sólo nos queda asistir al mayor espectáculo vivido por la Humanidad, su propio ocaso, como el grandilocuente reality show del mundo materialista que ambiciona la gran mayoría.

¡Pasen, pasen, siéntense, el espectáculo ya comenzó!


Pablo Paniagua, a 1 de junio del 2012.




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jueves, 22 de marzo de 2012

DE LOS HORIZONTES

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UN EDIFICIO EN LA MENTE


Es la ventana invisible de mis miedos por la que me asomo de vez en cuando. El horizonte no lo puedo divisar porque hay un muro delante, pegado ante mis ojos, que lo impide. Será difícil escalarlo, pues no tiene final, además la caída se hace previsible hacia una profundidad que transcurre entre el espacio de la pared del edificio y el muro hostil. Por esa ventana, desde luego, es imposible ver nada, y abro la puerta que está al otro lado para salir tranquilamente hacia la calle en busca de aquello que me pueda hacer feliz.


EL HORIZONTE DE LA VIDA

Más allá del horizonte hay otro horizonte y después de éste hay otro más y luego otro más… Horizontes que con su movimiento hacen girar el planeta, que cambian de lugar constantemente como una piel deslizándose sobre el magma… Yo voy hacia un horizonte inalcanzable, porque muta sin cesar buscando el infinito. Así me paso la vida, caminando sin parar con la intención de saber si hay algún final antes del ocaso de mis días. Espero conseguirlo, porque presiento un Dios al final del camino.


UNA LÍNEA SIN SENTIDO

Miro hacia el cielo y no encuentro horizonte alguno, pues no hay nubes ni estrellas, sólo ese azul cerúleo que está por encima de todo. No sé qué pensarán las aves que lo surcan, pues yo sólo respiro con los pies sobre la tierra mirando a un horizonte que también me mira. De nada sirve creer que lo finito lo marca una línea, pues está comprobado que la línea se mueve o se traspasa. En el cielo no hay límites, tampoco en la tierra, sólo están en la mente del hombre cuando atenta contra las leyes de la naturaleza.

La libertad tiene horizontes que traspasar, líneas que cruzar, para ser tan extensa como el cielo.


VÉRTICO

Hay una referencia en la lejanía: para los humanos es el horizonte, pero en mi planeta aparece vertical y lo llamamos “vértico”. Allí vivimos de medio lado y crecemos a lo ancho, justo al revés que en este lugar. En mi planeta sus pobladores no roban ni se matan entre ellos, ni hacen guerras por bienes materiales ni supuestos espirituales. Me sorprende la verticalidad de la mente humana en contraste con lo horizontal de su mundo, con su orden vertical ansiando ser más que el vecino, con estratos de poder y servilismos, con imposición de clases. En mi planeta no existe nada de eso y dentro de muestro medio vertical buscamos la horizontalidad para ser iguales. En mi planeta nos elevamos en el aire hacia el espíritu, mientras que aquí se arrastran por el suelo deseando la materia. El humano asienta los pies sobre la tierra y toma posesión del horizonte, para luego pensar en vertical.

Qué raros son, qué mundo tan extraño, donde todo está justo al revés.


DÓNDE ESTARÁ Y DE QUIÉN SERÁ

Miro al horizonte y no distingo nada. Busco una moneda de diez céntimos que perdí en aquel lugar hace cuarenta años. La verdad, me da pereza caminar hasta allá, además no estoy seguro de que sea el mismo horizonte. Por otro lado, no sé si cuando se pierde algo tan común, como es una moneda de diez céntimos, siga perteneciéndote o su propiedad pase a quien la encuentre. Así está la cosa: el horizonte allí y yo aquí, y de la moneda nada sé. La moneda está en desuso pero el horizonte no, y ahí sigue para que yo lo mire mientras pienso en la moneda. De todas formas la culpa la tiene el horizonte, más que la moneda o yo, porque está muy lejos y no me apetece caminar, además, como ya dije, puede que no sea el mismo horizonte, ese horizonte que tiene la culpa de todo.


HORIZONTES PERDIDOS

El horizonte no es, como parece, una línea recta en la distancia, es un círculo que nos rodea; de ello te das cuenta al girar sobre ti mismo en medio del océano o en la soledad del desierto; allí se deja apreciar, en él, la curvatura de la Tierra. De cualquier modo es una señal engañosa que cambia sin parar y tan diversa como el infinito, todo depende de nuestro movimiento y situación, del ángulo de la mirada, de cómo la intensidad de la luz incide sobre él. En las ciudades el horizonte se pierde entre el hormigón, hay que salir de ellas para apreciarlo; el hombre citadino no se da cuenta de estas cosas ni mira al cielo en las noches para ver las estrellas; el hombre de ahora se apartó de la naturaleza para crear un mundo fuera de ella, sin horizontes circulares que mirar.


MI PROPIO HORIZONTE

Al final de mi habitación, en su horizonte, hay un televisor encendido por donde pasan diferentes imágenes en movimiento. He de reconocer que no veo mucho la televisión, pues prefiero los horizontes de los paisajes de mi mente, tratar de escribirlos para que alguien los lea. También me adentro hacia los parajes de otros que buscan horizontes. Todos buscamos a través de la escritura nuestro propio horizonte, para saber de qué somos capaces, si es que somos capaces de algo. Un escritor sin horizontes no es un escritor, y yo lo pretendo siempre con la apuesta por delante, en este juego de la vida donde me desvivo por hacer de mi horizonte algo más que un horizonte. 





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BENEDICTO XVI, YO TE ACUSO

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Como católico reconocido por el rito del Bautismo, me siento engañado y manipulado por los más altos representantes de mi Iglesia. Creo en la Palabra de Jesús, pero no en su tergiversación y en el ejemplo de los que dicen preservarla.

Benedicto XVI, yo te acuso de encubridor y cómplice de pederastas: porque siendo Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe debiste luchar contra los más de 4 mil casos de pederastia (entiéndase abusos sexuales y violaciones a menores) denunciados durante el papado de Juan Pablo II, pero no hiciste nada. Es notorio y está perfectamente documentado el caso del padre Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo además de amigo íntimo y protegido de Juan Pablo II.

El 23 de febrero del año 1997 se publicó en el Connecticut Hartford Courant (periódico impreso de EEUU), una carta de denuncia por parte de ocho miembros de los Legionarios de Cristo, acusando a Juan Pablo II y al entonces cardenal Joseph Ratzinger de denegación al acceso de la justicia, por una denuncia de pederastia en contra del padre Marcial Maciel. El 17 de octubre del año 1998 los afectados presentaron, ante la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, una denuncia canónica por estos hechos, y recibieron como respuesta el silencio y el desprecio. El 26 de noviembre del año 2004 el Papa Juan Pablo II, ya teniendo conocimiento de estas denuncias y de otras tantas, referentes a la conducta inmoral y delictiva de su amigo Marcial Maciel, le ofreció al acusado el respaldo público en una fastuosa misa por sus sesenta años como sacerdote, con la alabanza de “que estaba colmado de los dones del Espíritu Santo”.

El hecho arriba descrito es una muestra de la conducta de Juan Pablo II y del cardenal Joseph Ratzinger, ahora conocido como Benedicto XVI, ante las denuncias recibidas de las víctimas de violaciones y abusos sexuales por parte de sacerdotes católicos, constituyendo la permisividad y el encubrimiento el proceder delictivo de los dos más altos representantes de la Iglesia Católica.

Los casos de pederastia hasta ahora denunciados, durante el papado de Juan Pablo II, ascienden a más de 4.000.

Benedicto XVI, yo te acuso de vejar la imagen de Jesucristo: porque él era humilde, se vestía con ropajes sencillos y convivía con los desheredados, cuando tú, sin embargo, te vistes con lujosas vestimentas, te adornas con oro y piedras preciosas, y te juntas con los ricos y con los poderosos. ¿Entendiste el verdadero mensaje de Jesús? ¿Cómo osas a ensuciar su imagen con tal descaro?

Benedicto XVI, yo te acuso de tergiversar el verdadero mensaje de Jesús: pues él fue crucificado, precisamente, por luchar contra una Iglesia muy parecida a la que tú representas: una desviación pagana de la idea original. Tú, Benedicto XVI, eres un farsante. ¿Sabes realmente quién era Jesucristo y cuál era su misión?

Benedicto XVI, yo te acuso de utilizar la Palabra de Jesús para enajenar con la religión a aquéllos que tienen necesidad de acercarse a la verdad y, por el contrario, son engañados con una falsa moral para ser manipulados. ¿Acaso no entendiste todavía el sentido de los Evangelios?

Benedicto XVI, yo te acuso porque eres un criminal que se pasea por el mundo con total impunidad, muestra de la hipocresía que corrompe la moral de nuestro mundo y los cimientos de la misma sociedad. Como católico me avergüenzo de ti por usurpar el asiento de Pedro.

Benedicto XVI, yo te acuso de manipular la verdad por beatificar a Juan Pablo II, un criminal que permitió durante su mandato los abusos sexuales a más de 4 mil niños indefensos. ¿Es que necesita la Iglesia Católica de un santo para los pederastas?

Detrás de ti vendrá aquél que apaciguará a las ovejas en el tiempo de las tribulaciones, y después la Iglesia Católica y todas las religiones quedarán superadas con la llegada del que traerá tiempos de paz para los habitantes de este planeta. El Catolicismo, el Islam y otras religiones monoteístas pronto verán su final, para así terminar, de una vez por todas, con la esquizofrenia religiosa que pudrió los cimientos de la Humanidad.

Benedicto XVI, estás sentado en una silla que no te corresponde porque eres el representante del mal interpretando el papel del bueno.

Ahora yo te acuso, la historia ya te juzgará…


Pablo Paniagua, a 22 de marzo del 2012.




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miércoles, 31 de agosto de 2011

DEMOCRACIAS DE HOY, DICTADURAS CAMUFLADAS

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En esta Época Supermoderna, bajo el influjo del materialismo y la banalidad, todas las democracias y ordenamientos políticos obedecen, por fuerza, a un sistema económico mundial que sólo mira por los intereses de los dueños del dinero. Si la “democracia” es el poder del pueblo, de la sociedad, hoy en día tal definición no es representada por una serie de sistemas políticos que se dicen democráticos, cuando, en realidad, son dictaduras camufladas de democracia.

A diario vemos cómo los pretendidos gobiernos democráticos recortan o eliminan los presupuestos destinados a programas sociales, suben las tributaciones y reforman las leyes para mermar los derechos de la ciudadanía, y todo en pos del mantenimiento de un orden económico mundial que sólo genera, para su reajuste, los problemas arriba mencionados, además de desigualdad, en un círculo vicioso que sólo beneficia a los dueños del dinero. ¿Cómo es posible que un grupo de especuladores pueda hundir la economía de un país, de una unión político-económica o del mundo entero? Esto es así porque las leyes de la economía mundial no sirven al conjunto de la sociedad, sino al interés de una minoría. Eso no es democracia, es capitalismo salvaje; dos conceptos, en la práctica, antagónicos.

Los márgenes de maniobra de las naciones para solventar la actual crisis económica son muy limitados y se reducen, casi exclusivamente, a recortar el gasto público y a subir los impuestos, algo que redunda en contra de la sociedad, pues el sistema económico mundial, tal cual está diseñado, no ofrece más alternativas. Para enfocar el problema de forma adecuada es imprescindible reconocer que el actual sistema económico ha fracasado, como representación e instrumento de un capitalismo salvaje totalmente obsoleto. La avaricia, la usura y la especulación, son los valores de ese capitalismo salvaje que se hunde, y las recetas para salir de la crisis son insuficientes porque siguen la inercia del modelo fracasado. Es una vergüenza, para toda la Humanidad, que en las bolsas de valores se juegue, a modo de casino, con el futuro y la dignidad de los seres humanos, dejando la actividad económica al recaudo de los especuladores.

Ahora muchos jóvenes insatisfechos con la realidad, con un futuro poco prometedor, no toman las calles para buscar una solución real, lo hacen porque no podrán disfrutar de la misma porción de materialismo que tuvieron sus padres, no se manifiestan para erradicar el mal desde su raíz, para promover un cambio necesario en el sistema, sino que lo hacen porque quieren seguir consumiendo bajo la plenitud del capitalismo salvaje. Es la cultura del “tener” que tiene hipnotizada a la sociedad, dejando la cultura del “ser” en el olvido (aquí hago referencia a Herbert Marcuse), y la conciencia colectiva de los alienados por el sistema, que son la gran mayoría, continúa con la mirada puesta en objetivos consumistas, centrados en el “tener”, porque el espejismo de la materia es poderoso.

Tampoco es válido recuperar los fundamentos socialistas fracasados, pues hay que usar la imaginación para tomar de un lado y del otro lo bueno, imaginación para superar, de una vez por todas, esa inercia nefasta que nos conduce hacia la distopía. La Humanidad ha basado su evolución en el avance de la justicia social, con el progreso en base a unos valores fundamentales como son la igualdad y la libertad, y habiendo dejado atrás los tiempos de las invasiones y la esclavitud como motor de la economía. Es por ello que el fin último de la evolución es el logro de la utopía, algo imposible sin un sistema social totalmente redistributivo.

Para salir de la actual crisis económica se hace obligado, por tanto, crear un nuevo sistema económico mundial que promueva el beneficio del conjunto de la sociedad y no los intereses de una minoría: los dueños del dinero, los poderosos y una clase política corrupta que da sustento a ese mismo sistema. Para empezar, hay que acabar con la “economía de casino” (cerrando los mercados de valores), crear una moneda única para todas las naciones, poner la banca al servicio de la sociedad a través de un nuevo Banco Mundial que emita la moneda única en base a las reservas internacionales de oro, acabar con la usura y gravar de manera sustancial a las grandes fortunas. No es permisible que las actuales dictaduras, camufladas de democracia, sólo sirvan a los intereses de una minoría. Esto no es democracia, es una farsa.

Ya queda poco tiempo y nuestro destino será, si no se promueve un cambio efectivo en la economía mundial (lo cual es improbable), el colapso del capitalismo salvaje que dará paso a la distopía total.


Pablo Paniagua, a 27 de agosto del 2011




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sábado, 11 de junio de 2011

YO, ME MEO EN BORGES

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“El Borges hablado, ese Borges de conversaciones, de conferencias, de entrevistas, y también el de los ensayos y las críticas, siempre me ha parecido pobre, y más bien superficial. En Argentina me citaban a menudo como excelentes las frases ingeniosas de Borges. Pues bien, siempre sufría una decepción. Aquello sólo era literatura, y ni siquiera de la mejor.” Witold Gombrowicz


Así de fuerte suena: “Yo, me meo en Borges”. He de reconocer que soy punk. “No hay futuro” gritaba Johnny Rotten, y estoy de acuerdo con él. Miro a mi alrededor y comprendo a la perfección Del inconveniente de haber nacido de Emile Cioran. No hay futuro, eso lo tengo claro, y para expresar dicho sentimiento me meo en Borges, en el pedestal donde le tienen como si fuera un dios, como perro callejero; y también me cago sobre su broncínea imagen, con corrosivo excremento blanco de paloma. Y es que Jorge Luis Borges encarna la tradición de una “cultura oficial” semejante a una excrecencia del sistema fracasado que nos gobierna: icono que ahora me permito derribar.

Detesto al Borges que apoyó con vehemencia a las dictaduras militares de Argentina y Chile; condeno al Borges clasista que miraba con desprecio a los obreros y trabajadores que sacaban adelante a sus familias con sueldos de miseria; censuro al Borges apegado a la élite institucional y cultural de su país; maldigo al Borges incapacitado para escribir una novela; me avergüenzo del Borges sumiso ante las faldas de su madre, al Borges con complejo de Edipo; no me gusta el Borges impotente sexual, el asexuado, el que nunca supo comprobar la humedad de una vagina; rechazo al Borges formal y modesto en apariencia, el hipócrita de voz tierna, el Borges simulador que al final nos desenmascara Bioy Casares; desprecio al Borges ataviado con saco y corbata, con el atuendo de la formalidad, el que ya siendo un adulto pedía permiso a su madre para llegar tarde o salir con una mujer.

Reconozco que Jorge Luis Borges escribió cuentos maravillosos, pero en su producción no todos alcanzan dicha excelencia: en ellos se distingue la misma estrategia repetida hasta la saciedad, el truco y el artificio, la pirotecnia. Borges fue capaz de escribir los mejores cuentos pero también los peores, tanto como el mismo Aleph que lo representa: una mediocre narración con un final para asombrar a los tontos. Pero incluso, ahí, la crítica no condena ese monumento de cartón piedra: la percepción de un escritor sobrevalorado. Si la figura del intelectual contemporáneo se significa por su independencia frente al poder, cuestionar la realidad, capacidad de disentir y generar corrientes de opinión, en Borges predomina lo contrario, pues él personifica al escritor sumiso ante el poder, el que acepta los convencionalismos sociales, el cobarde que rechaza el sexo, el escritor de buena factura estilística que se vende al sistema para justificarlo, o sea, el antiintelectual perfecto. Si otros escritores miraban hacia fuera, hacia el mundo para explicarlo o analizarlo, viendo la creación literaria como un canto a la libertad, Borges, por el contrario, se canta a sí mismo, sólo especula con las ideas rechazando cualquier posición crítica, para así asumirse como el escritor de la oficialidad, razón por la cual a Borges se le ha perdonado todo: sus coqueteos y alabanzas para las dictaduras militares de derechas, las que proponía, como teórico de lo abismal, para todo el continente Americano y acaso para el mundo. A Borges, repito, se le ha perdonado todo, no como a Ferdinand Céline por su antisemitismo y muy a pesar de haber escrito un monumento literario como Viaje al fin de la noche, donde asume el papel del intelectual genuino que tanto molesta al poder.

“Yo, me meo en Borges”, insisto. Soy punk y prefiero la otra tradición, la que siempre cuestiona, la que se enfrenta al poder, la mal portada, la directa, la inconformista, la iconoclasta… Prefiero a Franz Kafka con sus novelas inacabadas, a Henry Miller durmiendo al cobijo de un puente en París, a Antonin Artaud en el manicomio, a Allen Ginsberg redactando Aullido bajo los efectos del LSD, a Jack Kerouac de viaje hacia California por la Ruta 66, a William S. Burroughs quemando en una cuchara su dosis de heroína, a Jim Morrison en éxtasis sobre el escenario, al profeta Bob Marley con sus canciones de amor y paz, a Johnny Rotten gritando “no hay futuro” y al replicante albino de Blade Runner muriendo bajo la lluvia.

Cuando te enfrentas a Borges como lector te deslumbra, pero cuando lo haces como escritor descubres sus trucos, sus debilidades de estilo, y la tan mentada “inteligencia borgiana” se transforma es una pose, una simulación bien disfrazada, pues esa inteligencia de desploma con el Borges antiintelectual que justifica, con razones míseras, superficiales y torpes, a las dictaduras militares de derechas que pisotearon la democracia y la libertad. Me meo en Borges, viajo hasta el cementerio en la ciudad Ginebra, allí donde está enterrado, y lo hago sobre su tumba. Soy punk. Prefiero mil veces a Omar Viñole con su vaca y sus escritos irreverentes, y al Witold Gombrowicz marginal con sus rupturas experimentales diciendo: “Maten a Borges”.

Con este escrito sé que importuno a las mentes convencionales, pero no voy a permanecer callado, prefiero mil veces seguir meándome en Borges una y otra vez, seguir escribiendo lo que siento y pienso, a pesar del parecer de los alienados por el sistema y su cultura oficial. “A mí, no me dan gato por liebre.”



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jueves, 19 de mayo de 2011

POR UNA REVOLUCIÓN PLANETARIA

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Tras el hundimiento de las utopías y el triunfo del liberalismo económico, sobre todo un ideario socialista errado y el posterior fracaso de su rival, ese mismo capitalismo salvaje, no queda más remedio que recuperar la ilusión por la utopía, precisamente para salir del callejón sin salida al que nos arroja un sistema económico bajo la inercia de los intereses de los dueños del dinero, que se imponen sobre la mayoría.

Se podrán manifestar las masas, llenando las calles y las plazas, pero nada se logrará si no se modifica el error desde su origen, pues los partidos políticos obedecen, sin ninguna otra opción, a las leyes del sistema económico mundial al cual pertenecen. Es la universalización de la usura y la especulación, cuando los capitales se mueven en mercados de valores que no son más que “casinos” donde se juega con la dignidad, el trabajo, el futuro y el bienestar de los seres humanos, como si estos últimos fueran una simple mercancía o variable estadística.

Está claro que el sistema económico mundial está llegando a su colapso y nos conduce hacia la distopía, sin ninguna otra opción para unas dictaduras disfrazadas de democracia que sólo sirven a los intereses de una clase política, generalmente corrupta, y a los dueños del dinero. A todas luces parece ilógico que el entramado económico mundial actúe en favor de una minoría, y en detrimento del bien común, cuando debería ser a la inversa. He ahí el fondo del asunto: por avaricia, por amasar grandes sumas de dinero (en manos de unos pocos), se ha de explotar a la mayoría. Avaricia, usura y especulación, son los valores que dominan un pacto social injusto y denigrante, un punto sin retorno hacia la esperanza.

Y aquí regresamos a lo que nos señalaba Hebert Marcuse, en el sentido de que nuestra sociedad está más obsesionada por el “tener” que por el “ser”, lo que indudablemente no sucedería sin la alienación del individuo por el actual sistema consumista y su banalidad. He ahí otro factor a tener en cuenta: los alienados por la banalidad consumista son multitud. El éxito, ahora, es sinónimo de ostentación económica, y el “ser”, por medio de la exacerbación consumista, parece haber sido desterrado de nuestra sociedad. Lo uno va unido con lo otro, una manifestación más de la pérdida de valores en el capitalismo salvaje.

En la actual Época Supermoderna, devenida tras el hundimiento de las utopías, no queda más remedio, ante la crisis y el colapso del sistema, que cambiar las leyes de la economía actual por otras más justas que obren en interés y beneficio de la mayoría. Para ello, se deben cerrar las bolsas de valores y así acabar con la especulación, crear una moneda única para todo el Planeta, y que los bancos estén en manos del Estado para erradicar la usura y encaminar la actividad económica en beneficio del bien común. Del mismo modo, hay que acabar la “partidocracia” y promover una nueva dimensión democrática sin partidos políticos, donde los ciudadanos puedan elegir a sus gobernantes dentro de una nómina funcionarial que haya demostrado con anterioridad su competencia, tras un obligado proceso de evaluación teórico y práctico y en base a resultados de gestión. Para administrar el Estado no se necesitan partidos y políticos corruptos, sino administradores públicos eficaces. Las democracias actuales, que son demasiado onerosas para el erario público, sólo favorecen a la partidocracia y trabajan en favor del ya señalado sistema económico mundial, pues no son nada más que dictaduras disfrazadas de democracia que no sirven a los intereses de los ciudadanos que dicen representar.

Se hace obligado, por tanto, cambiar el sistema económico y político mundial para salir del callejón sin salida, derribando sus muros mediante una revolución planetaria que traiga mejoras para la Humanidad en su conjunto. Y repito: “se podrán manifestar las masas, llenando las calles y las plazas, pero nada se logrará si no se modifica el error desde su origen.” Pero lamentablemente, antes de que esto suceda, los dueños del dinero y los poderosos nos arrojarán, en un acto desesperado, hacia la distopía total de una Tercera Guerra Mundial. Ya estamos muy cerca: asistiremos al Apocalipsis como espectadores frente a la pantalla de una computadora, como el acto más representativo de la banalidad supermoderna.


Pablo Paniagua, 18 de mayo de 2011




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lunes, 16 de mayo de 2011

SENTIMIENTO SUBLIME

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Dedicado al Padre Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, grande de la Iglesia Católica y protegido del recién beatificado Juan Pablo II, para que Dios le tenga en su seno.

Siento algo especial cuando le veo, con la piel tan lisa, tan limpia, tan joven, como si fuera un ángel, un querubín, con los rizos de oro y su mirada transparente. Enfermedad contagiosa la de la belleza, de la pureza del espíritu, virginal y sin pecado. Es mi niño bonito y siempre añorado, lo que me aparta del mundo terrenal, su sola imagen, su presencia me trasporta al mismo Paraíso. La claridad aparece entonces, de un estado supremo que me guía por los senderos de lo Celestial, allí a los brazos del Creador, por saber que en este mundo de miserias, de sinsabores y dolor, existen seres en esencia tan digna. ¡No bastan las palabras para expresar tal sentimiento y ni la misma poesía alcanza para describir dicho estado! ¡Gloria suprema! ¡Bienaventuranza! ¿Cómo comprender la naturaleza del hombre ante algo tan puro? Sin duda, es Dios el que se muestra en ello. ¡Imposible describirlo con palabras! ¡Cómo negar su existencia ante semejante prueba! ¡Es el amor!

Y allí, en nuestro refugio secreto, permanecemos. Mis palabras son amables, suaves como caricias, y sus ojos brillan con la intensidad de la inocencia. Es mi niño de bucles de oro lo que más quiero, él me transporta hacia los brazos del Señor y me aparta del pecado. Le siento en mis rodillas y le hablo, de la suerte que tenemos por estar juntos por compartir nuestras vidas ante los ojos del Supremo. Acaricio su pelo y respiro su aliento; siento su lengua pequeña dentro de mi boca y palpo su entrepierna. ¡Tan bello! ¡Tan inocente! ¡Sin pecado! ¡Es el acto del amor! Y le desnudo para contemplarle en toda su grandeza, para besar su cuerpo, su piel y su miembro blanquecino. ¡Oh Dios! ¡Gracias por semejante regalo! ¡Toda una religión y tu Palabra para ello! ¡Sentimiento sublime! ¡Oh Dios! ¡Oh Dios! ¡Contágiame con tu pureza! ¡Ya estoy dentro de él! ¡Dentro de ti! ¡Contágiame con tu fuerza! ¡Oh Dios! ¡Oh Dios!

Y el amor carnal realiza su transmutación hacia el espíritu, el amor verdadero de nuestro Cristo y Señor. Ya no importa el acto carnal ante tal sentimiento, tan puro como el agua cristalina de un manantial, como la brisa en el bosque, como el aroma de una flor.



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lunes, 29 de noviembre de 2010

EL FINAL DE LA POSTMODERNIDAD Y EL ADVENIMIENTO DE LA ÉPOCA SUPERMODERNA

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¡La Postmodernidad ha muerto!

Hoy se habla de la Postmodernidad como si todavía estuviéramos inmersos en ella, cuando hace tiempo quedó atrás.

En todas las épocas de la historia el arte ha sido un reflejo de su tiempo y una manifestación que nos sirve para estudiar los comportamientos sociales y culturales, y en dicho sentido, para entender la Postmodernidad y certificar su muerte, es preciso comprender, a su vez, el siguiente proceso evolutivo: Modernidad – Postmodernidad – Supermodernidad, en su dimensión artística, para luego llevar el modelo a su escala social y política. También, he de aclarar, es más preciso utilizar los términos como están propuestos, en vez de Modernismo, Postmodernismo y Supermodernismo, por el simple hecho de que el Modernismo es una corriente artística surgida entre los siglos XIX y XX, que también se conoce con los nombres, según los países, de Art Nuveau, Modernisme o Jugendstyl, y por ello Modernismo y Modernidad no son lo mismo, pues el primero se refiere a una corriente artística y el segundo a una época de la Historia del Arte, de tal modo que, para igualarlos en un mismo plano lingüístico y conceptual, son más acertados los términos propuestos. Respecto al término “hipermodernidad”, que hoy en día emplean algunos filósofos, como por ejemplo Gilles Lipovetsky, es del todo erróneo pues para utilizar el prefijo “híper” primero se tendría que haber pasado por lo “súper”, nomenclatura evolutiva necesaria y aplicable en este caso.

Para ordenar este ensayo, en el punto primero –I– abordaré la antedicha evolución en su faceta artística; en el punto segundo –II– veremos que la misma sintomatología se repite en los aspectos sociales y políticos; y en el punto tercero –III– ofreceré mis conclusiones sobre la actual Época Supermoderna.

I

Hoy, con la perspectiva del tiempo pasado, un tiempo que dejaba de ser presente para convertirse constantemente en futuro, como una mutación de sí mismo, como fundamento del cambio, podemos abordar para comprender, desde esta distancia, todos los sucesos artísticos del siglo XX en lo que a las artes visuales se refiere, a partir del concepto de “Dispersión del arte”.

Tenemos que considerar el arte del siglo XX como una entidad en constante evolución, tratando de superarse a sí misma a un ritmo frenético, en una lucha por descubrir todas las formas expresivas y de representación posibles que el ser humano pudiera crear, haciendo un paralelismo con el progreso científico y tecnológico por medio del cual la Humanidad llegaría a conocer lo hasta ahora no conocido como una conquista más de la evolución.

Entre finales del siglo XIX y principios del XX aparece en Europa el Arte Moderno, en el instante en que el artista deja de copiar la realidad, para acabar inventándola, en ese afán aventurero de crear lo inexistente como fin último de esa evolución ilimitada. En ese momento, los sucesos artísticos se dan de acuerdo a una serie de parámetros estilísticos, que los conforman como determinados movimientos con una evidente preponderancia dentro de su medio. Estos movimientos artísticos se suceden unos a otros según van surgiendo diferentes formas de expresión y representación de una realidad nueva, descubierta o inventada. Pero, para hacer utilizables estos términos de manera conjunta, podríamos decir que la expresión artística se da representada de manera objetual o conceptual, según sea su determinada carga.

En un principio el Arte Moderno se vio expresado, fundamentalmente, de manera objetual y enmarcado en un territorio llamado europeo, o sea, concentrado en un lugar geográfico preciso (principalmente en París) en eso que se denominarían Vanguardias Históricas, si bien esa determinación territorial no era del todo exclusiva, pues en Alemania, Austria e Italia, antes de la primera guerra mundial, en Suiza durante ella, y en Rusia entre los años 1909 y 1925, hubo una importante actividad vanguardista pero de ninguna manera tan poderosa como en la ciudad del Sena.

En 1916, en la ciudad de Zurich, aparece el Movimiento Dadaísta, propuesto por Hugo Ball y luego encabezado por el pensador Tristan Tzara, que junto con un grupo de artistas hacen realidad la revolución que preconiza el fin del arte o el antiarte. Pero la ruptura definitiva con la esencia objetual se dio en el año 1917 con Marcel Duchamp, cuando elige un objeto cotidiano para exponerlo y firmarlo como obra de arte: un hecho de vital importancia en la futura trayectoria del Arte Moderno, que en ese preciso instante no supuso más que una provocación, pero que, a la larga, cambiaría el curso de la historia.

El fin de Dada no se hizo esperar, debido al choque ideológico entre dos gurús, el citado Tzara y André Bretón, mentor del Surrealismo, y muchos de los artistas integrados en el dadaísmo se pasaron a las filas de la revolución surrealista.

Si Dada suponía una negación de la realidad impuesta por los poderes dirigistas de la sociedad, el Surrealismo reivindicaba la realidad de lo irracional.

Hasta aquí, el “estado de concentración” que se daba en el mundo del arte era algo evidente, pero con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, en 1939, empieza la “dispersión del arte” al menos en su etapa geográfica. Aquellos movimientos artísticos que se sucedían han de abandonar la escena donde se desarrollaban, acabándose para dar paso a otros nuevos. El epicentro del mundo del arte sería ahora la ciudad de Nueva York, aunque en Europa, tras el final de la guerra, la actividad creadora continuaría pero ya no de forma tan arrolladora como en tiempos pasados. Se pasó de la “Escuela de París” a la “Escuela de Nueva York” y a la bipolaridad en el dominio de los sucesos artísticos.

En los Estados Unidos de América surgió con fuerza, en torno al año 1945 (y no sin apoyo del Estado) el Expresionismo Abstracto, como primera tendencia genuinamente americana y como última manifestación estética del Arte Moderno; tras ésta, a partir de 1955, aparecerían el Pop Art (europeo y estadounidense), la llamada Nueva Abstracción o Abstracción Postpictórica (que más tarde competiría con diversas abstracciones europeas como Grupo Cobra e Informalismo), el Op Art y el Minimal Art. En las tendencias norteamericanas ya se aprecia una ruptura estética más cercana a planteamientos conceptuales, y en el caso del Pop Art cierto “neodadaismo” en la reproducción de algunos trabajos, en los que la mano del artista ya no está presente, y un claro comportamiento postmoderno por la influencia iconográfica de la sociedad de consumo. Aquí, ya podemos hablar del inicio de la Postmodernidad y señalar al Pop Art como su primera manifestación artística. En aquella época también aparecen las artes del cuerpo (happening, performance, etcétera), y el “concepto”, en sus distintas manifestaciones, empieza a tomar relieve en la escena artística.

Sucede, entonces, otra ruptura sobre la concentración que ya no es meramente de lugar, sino de contenido. Es el concepto que entra en escena, la herencia de Duchamp y el Movimiento Dadaísta. El concepto se concreta cuando se abandona la improvisación dadaísta, para hacer un planeamiento previo de lo que hay detrás de la idea y no la idea en sí. Como resultado, a partir del año 1969 comienzan las exposiciones de Arte Conceptual como tal, viéndose legitimada esta tendencia en el año 1972 en la Documenta 5 de Kassel.

La competencia entre el “concepto” y el “objeto” está servida en forma de lucha fratricida entre dos elementos que son como el aceite y el agua, que al ser incompatibles provocan la dispersión de sus sustancias. Así comienza el verdadero camino hacia la “dispersión del arte”, que no es más que el tránsito del principio de la dispersión hasta la dispersión total y el triunfo del concepto sobre el objeto, en lo que podríamos llamar Supermodernidad, que es el estado en el que ahora nos encontramos.

En la Postmodernidad se da la citada lucha entre el objeto y el concepto, a través de un conjunto de discursos que pugnan por imponerse, fundamentados en la defensa o en el ataque a la mimesis de la realidad. La actividad artística, a su vez, se empieza a diseminar en diferentes puntos geográficos y el eclecticismo de las formas de expresión–representación se conforma como la tónica generalizada, dando paso a la Supermodernidad, donde el arte se empieza a dispersar poco a poco, hasta llegar a ser un modo de expresión propio del mundo occidental que se implanta a nivel planetario, con el triunfo final del concepto sobre el objeto.

La Supermodernidad está caracterizada por la mundialización del arte en la cultura global occidental, en la que tienen cabida multitud de artistas de diferentes lugares del planeta, que trabajan, sobre todo, en referencia al concepto. Vemos, así, que los diversos estados de la Historia del Arte tienen paralelo con el desarrollo de la sociedad occidental en el transcurrir del siglo XX, pues el arte es una manifestación como reflejo emanado de un mismo cuerpo.

No entro a valorar, en este punto, la supuesta crisis de la sociedad globalizada, ni la crisis del arte expuesta de manera tan locuaz por Jean Baudrillard, simplemente unifico la historia del arte del siglo XX bajo los conceptos de “concentración–dispersión”, para explicar y marcar cronológicamente su accidentado transcurrir.

II

Si la Postmodernidad en el mundo del arte se identifica por la lucha entre el objeto y el concepto, y la separación territorial de las diferentes manifestaciones y el inicio de la comentada dispersión del arte, en el plano socioeconómico y político, la Postmodernidad, de igual modo, se identifica por la lucha entre Oriente y Occidente en lo que se denominó como Guerra Fría, con dos maneras distintas de entender los procesos económicos entre el capitalismo y el comunismo. Objeto-concepto en el arte, capitalismo-comunismo en el plano político y socioeconómico. Por consiguiente, el inicio de la Postmodernidad lo podríamos marcar en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, con la reconstrucción europea y dentro del proceso de separación del mundo en dos bloques políticos.

La pugna entre el objeto y el concepto terminará con la supremacía del concepto en el mundo del arte a finales de la década de los años 80, cuando en los diferentes eventos internacionales del arte, ferias y bienales, el concepto rebasa a las distintas expresiones objetuales, con una sensibilidad estética más acorde a los nuevos tiempos y frente a propuestas más envejecidas que quedan como referencia del pasado. En la esfera política y socioeconómica, de manera similar, el capitalismo, con la liberalización total de la economía, se impone como modelo mundial predominante frente a un comunismo fracasado, con el final de la Era Soviética y la caída simbólica, en 1989, del Muro de Berlín.

Si en el mundo del arte, al final de la Postmodernidad, la dispersión de los diferentes centros creadores se da a nivel planetario, en el plano socioeconómico y político cobra relevancia la mundialización del liberalismo económico como modelo, en lo que se define como “globalización”. A partir de aquí, con la dispersión total del arte y con la globalización del modelo occidental, es cuando ya podemos hablar del inicio de la Época Supermoderna, a partir del año 1989, con la caída del Muro de Berlín (si bien los cambios entre épocas, Modernidad – Postmodernidad – Supermodernidad, siempre se producen como un proceso de transición en pocos años, con el atisbo de las primeras manifestaciones que terminan por tomar fuerza e imponerse como pauta).

Asimismo es fundamental, dentro de este proceso que marca el inicio de la Supermodernidad, el surgimiento de un nuevo medio de comunicación e información global, a través de una red de redes que se da a conocer con el nombre de Internet, cuya aplicación abierta se empieza a implantar a partir del año 1992, con un proceso experimental previo que se inició en el año 1989 con el primer ISP de marcaje telefónico world.std.com. Ahora en Internet confluye y se desarrolla una nueva “cultura global” que expande las fronteras de la comunicación y la información de manera prodigiosa, algo totalmente inédito en la Historia de la Humanidad y como signo de la nueva Época Supermoderna.

Si en la Postmodernidad la sociedad occidental se ve influida en su desarrollo por la tecnología y las tendencias consumistas, en la Supermodernidad lo está bajo el consumismo exacerbado y la alta tecnología o hi-tech (telefonía móvil, computadoras, pantallas de plasma, productos cibernéticos, videoconsolas, discos compactos, nanotecnología, etcétera), en lo que representa un salto cualitativo respecto a anteriores avances tecnológicos. Ya la relación del humano con la tecnología es distinta, pues su dependencia pasa a formar parte de su manera de vivir como algo imprescindible.

Salta a la vista que la vida y las dinámicas sociales de la Postmodernidad no son las mismas, que a partir de los procesos globalizadores que se desarrollan tras la caída del Muro de Berlín, e hiere a la razón no percibir esta nueva realidad y seguir hablando de los tiempos actuales como si todavía estuviéramos instalados en una especie de Postmodernidad eterna, cuando las condiciones sociales, artísticas y políticas ya no son las mismas, y cuando los avances tecnológicos están cambiando los procesos evolutivos de la especie humana.

III

Habiendo ya certificado la muerte de la Época Postmoderna, ahora explicaré mis conclusiones sobre la recién iniciada Época Supermoderna.

Un incierto pensador, como es Francis Fukuyama, tergiversando a Hegel y a Alexandre Kojève, declaró el Final de la Historia viendo en el triunfo del “liberalismo económico” la solución a los problemas de la Humanidad, cuando dicho modelo político, que se basa en la avaricia, la usura y la especulación, triunfa con sus cimientos corruptos sobre el comunismo. A este respecto, Gilles Lipovetsky se equivoca cuando dice que su mal llamada “hipermodernidad” se funda en cuatro principios, como son los derechos humanos, la democracia pluralista, la lógica del mercado y la lógica tecnocientífica; pues los derechos humanos de ningún modo son respetados por unas democracias (que más bien parecen dictaduras camufladas) que se desviven por el mantenimiento de un sistema económico tan injusto que favorece, exclusivamente, a los dueños del dinero; cuando dichas “democracias”, dominantes en occidente, hacen guerras ilegales que pisotean los derechos humanos que dicen se han de valer. Y es que la Supermodernidad, más bien, se identifica por la simulación que suponen los presuntos valores beneficiosos del liberalismo económico, las dictaduras disfrazadas como democracias, el respeto de los derechos humanos a conveniencia, y sí, aquí sí, la lógica tecnocientífica.

En la sociedad supermoderna el individuo se ve alienado por todo lo que conforma el sistema político-económico arriba expuesto, mediante una serie de dinámicas enajenadoras que se asumen como tipo de vida. Es la cultura del consumismo exacerbado y de la imagen que se desprende de lo material, del tanto tienes tanto vales, del dinero y la ostentación como sinónimo de éxito social, es la banalidad más absoluta infectando los cimientos de la misma sociedad.

Y es que el triunfo del liberalismo económico supuso el hundimiento de las utopías, de los pensamientos que buscaban, en la evolución de la especie humana, un mundo más justo, libre y pacífico, ofreciendo, a cambio, un sistema económico salvaje que agranda las brechas de desigualdad económica, con el consecuente aumento de las masas de pobreza y la hegemonía de la injusticia como signo. Así pues, la Supermodernidad nace bajo la inercia enajenadora y la crisis embrionaria de un sistema económico que marca el camino hacia lo contrario que simboliza la utopía: la distopía.

A lo anterior debemos sumar que, tras la caída del Muro de Berlín y el desmantelamiento de los sistemas políticos comunistas, el mundo se volvió a dividir, esta vez, en dos bloques con una manera totalmente distinta de entender la realidad, y bajo el influjo de tradiciones marcadas por los mandatos de sus religiones dominantes. El proceso globalizador impuesto por Occidente, con las reglas de su orden económico y como forma de conquista cultural, es rechazado por parte de las sociedades musulmanas y de sus regímenes políticos teocráticos, pero con cierta propensión retrógrada hacia postulados ultraconservadores. Se da, consecuentemente, una lucha de civilizaciones basada en el sentir de sus distintas religiones, cuando cada vez está más claro que los cultos monoteístas, cuyos dioses fueron inventados por los hombres, para dar sustento y respuesta a las incógnitas sobre la existencia, sólo han servido para generar violencia y promover lo contrario de lo que por lógica se desprende de los atributos que debería tener la divinidad, como son el amor, la misericordia y el respeto ajeno, de tal modo que ahora un islamismo intransigente, esquizofrénico, se vale de la violencia para alejarse de cualquier valor que pudiera ser avalado por un dios verdadero, en idéntico proceso al de la Iglesia Católica en tiempos pasados.

La falta de valores, la simulación, la alienación del individuo por el poder y por el sistema económico consumista, la adicción tecnológica y la esquizofrenia religiosa, son los valores de una nueva Época Supermoderna sumida en la banalidad. La especie humana, por lo visto, camina hacia la distopía. Habrá que esperar, mientras tanto, el nacimiento del hombre posthumano, ése que vivirá en paz en este planeta tras el derrumbe de la actual Humanidad.


Pablo Paniagua, a 20 de noviembre del 2010


BIBLIOGRAFÍA:

El presente ensayo, para estar más acorde con el método propuesto por Michel de Montaigne, se aparta del academicismo que domina en el género y por ello ofrece la bibliografía consultada habiendo omitido las especificaciones al texto:

–Simón Marchán Fiz. Del arte objetual al arte de concepto (epílogo sobre la sensibilidad postmoderna). Ediciones Akal, S.A. 1988. Madrid, España.
–Mario De Micheli. Las vanguardias artísticas del siglo XX. Alianza Editorial S.A. 1988. Madrid, España.
–Edward Lucie-Smith. Movimientos artísticos desde 1945. Ediciones Destino S.A. 1994. Barcelona, España.
–Jean Baudrillard. La ilusión y la desilusión estética. Monte Avila Editores 1998. Caracas, Venezuela.
–Arthur Danto. El final del arte. “El Paseante” (décimo aniversario) 1995. Ediciones Siruela S.A. Madrid, España.
–Joseph Maria Montaner. La modernidad superada (arquitectura, arte y pensamiento del siglo XX). Editorial Gustavo Gili S.A. 1999. Barcelona, España.
–Jorge Juanes. El arte posthumano. “Artelugio” No 5, año 2002. Dirección de comunicación y difusión cultural Universidad Autónoma de Querétaro. México.
–Francis Fukuyama. El fin de la historia y el último hombre. Editorial Planeta 1992. Barcelona, España.
–Gilles Lipovetsky. Los tiempos hipermodernos. Ed. Anagrama 2006. Barcelona, España


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