lunes, 28 de abril de 2014

JUAN PABLO II, UN SANTO PARA LOS PEDERASTAS



Ilustración: Flavio Cossovel


Los pedófilos pueden estar satisfechos, ya tienen a un santo para celebrar el aprovechamiento sexual de los menores de edad, y ello gracias a la Santa Iglesia Católica Apostólica y Romana, que, como es habitual, continúa su juego de hipocresía ante el mundo mediante la tergiversación de la palabra de Jesús.

Está debidamente documentado y comprobado que Juan Pablo II, a lo largo de su mandato como máximo dirigente de la Iglesia Católica, ocultó y favoreció el abuso sexual a menores de edad por parte de sacerdotes católicos, así como el apoyo y protección a su amigo el padre Marcial Maciel, cabeza de los Legionarios de Cristo, que ya había sido denunciado por delitos de pederastia ante la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe.

El 23 de febrero del año 1997 se publicó en el Connecticut Hartford Courant (periódico impreso de EEUU), una carta de denuncia por parte de ocho miembros de los Legionarios de Cristo, acusando a Juan Pablo II y al entonces cardenal Joseph Ratzinger de denegación al acceso de la justicia, para denunciar por actos de pederastia al padre Marcial Maciel. Más tarde, el 17 de octubre 1998, los afectados presentaron una denuncia canónica por estos hechos ante la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe. Pero el Papa Juan Pablo II, ya teniendo conocimiento de estas denuncias y de otras tantas, referentes a la conducta inmoral y delictiva del padre Marcial Maciel, el 26 de noviembre del año 2004 le ofreció al acusado su respaldo público en una fastuosa misa por sus sesenta años como sacerdote, con la alabanza de “que estaba colmado de los dones del Espíritu Santo”, mientras que los afectados recibían como respuesta el silencio y el desprecio.

Los hechos arriba mencionados son una muestra de la conducta inmoral de Juan Pablo II y del cardenal Joseph Ratzinger (ahora conocido como Benedicto XVI) que en aquellos días estaba al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe y que recibió las denuncias de las víctimas, de violaciones y abusos sexuales por parte de sacerdotes católicos, constituyendo la permisividad y el encubrimiento el proceder delictivo de los dos más altos dignatarios de la Iglesia Católica. Los casos de pederastia hasta ahora denunciados, durante el papado de Juan Pablo II, ascienden a más de 4.000. Alabado sea el Señor (entiéndase Satanás) y sus representantes…

Ahora, por si no fuera suficiente, Francisco I, el nuevo Papa que profesa un discurso aperturista, demuestra que, con la canonización de Juan Pablo II, en realidad es un hipócrita que fomenta una “campaña de humo” para continuar sin castigar a los pedófilos, con el añadido, a modo de insulto para las víctimas, de un Santo para homenajear dichos delitos dentro de una Iglesia que tergiversa la Palabra de Jesús.

La Iglesia Católica, con el engaño, la manipulación y la hipocresía, aún continúa manchando la imagen y el nombre de Jesucristo con una serie de actos que representan todo lo contrario de su ideario moral. Francisco I continúa el camino de sus predecesores, la despreciable senda que oscurece el verdadero mensaje, para seguir tomando el nombre de Dios en vano por medio de la hipocresía y la tergiversación del mensaje de un profeta verdadero. Ya estamos en los tiempos del Apocalipsis y éste será el último Papa de tan execrable religión del mal (ahí se va de la mano con el Islam –perduran gracias al caldo de cultivo de la ignorancia–). Ahora santifican a un criminal dentro de una Iglesia criminal, por lo que supongo así serán todos sus santos: simples imágenes de ídolos paganos para adorar…

Levanto la voz porque no puedo ser partícipe de la hipocresía que inunda muestro mundo, más cuando se valen de la religión para aprovecharse sexualmente de los niños indefensos, mientras que los culpables no son castigados. Ahora un delincuente, como es Juan Pablo II, es canonizado como símbolo de la degradación moral que siempre ha guiado los pasos de la Iglesia Católica, esa Puta de Babilonia que no hizo nada más, a lo largo de su historia, que apropiarse groseramente del mensaje y la imagen de Jesucristo, para, con tal manipulación, ofrecer una versión falaz y degradada de dicho profeta. Ahora Juan Pablo II es el santo de los pederastas, y así será recordado por siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 Pablo Paniagua, a 26 de abril del 2014.




miércoles, 12 de septiembre de 2012

BIENVENIDOS AL APOCALIPSIS







Por favor, sean bienvenidos. Pasen y tomen sus asientos, el espectáculo ya comenzó, su lugar está con todos nosotros. Este mundo se hunde y seremos espectadores, a través de los medios de comunicación, del mayor espectáculo jamás retransmitido: el ocaso de la Humanidad. Esto me remite a esos programas basura de la televisión, un reality show global del cual seremos testigos y a la vez protagonistas. Pero no debemos quejarnos, es una época trascendental para la evolución de nuestra especie, no todos tuvieron la oportunidad de asistir al Apocalipsis.

El sistema capitalista, esa ilusión del materialismo, se desmorona, es la gran mentira de un dinero que nada vale porque se basa en deuda. Entonces, ¿cuál es el problema? Que impriman billetes verdes y los repartan para acabar con la pobreza, para que todos seamos ricos. Nuestros gobernantes, ni siquiera, tienen imaginación para eso. Los Estados Unidos de América, por ejemplo, se prestan a sí mismos un dinero que no tienen, que por tanto es deuda, y esa ficción, el entramado financiero del capitalismo mundial, nos lo venden como la única realidad mientras utilizamos y tratamos de acumular un dinero que no vale nada. Los bancos y entidades financieras se van a la quiebra, por falta de liquidez, y los gobiernos los rescatan inyectando un dinero que en teoría es de los ciudadanos. ¿No sería mejor dar ese dinero directamente a las personas, revertirlo en la sociedad? ¿Por qué dárselo a los ladrones que demostraron su incompetencia? Si el monto de los rescates bancarios recayera sobre la sociedad, sobre los amenazados de peder sus depósitos y ahorros, se activaría el consumo interno y así la economía, pero lamentablemente los poderosos continúan su juego en beneficio propio: ellos están arriba y necesitan al resto de la sociedad para explotarla de acuerdo a sus intereses, porque ellos son los dueños de ese dinero inexistente. He ahí el gran engaño del capitalismo; y entretanto, para mantener dicha ficción, el grueso de la sociedad tiene que ver recortados sus derechos civiles y pasar por mil calamidades.

Una pregunta ahora se hace obligada: ¿Debemos creer en nuestros gobernantes? La respuesta es muy sencilla: Las democracias de hoy son regímenes totalitarios disfrazados de democracia, sistemas político-económicos que trabajan en beneficio de un grupo de especuladores y en menoscabo del conjunto de la sociedad. Eso no es democracia, es una farsa. Nuestros gobernantes, nuestra clase política, son especuladores de la nada, del crimen, de la miseria y la mentira. Así, no resulta extraño que este mundo se dirija directo hacia la distopía. El bien común no interesa a los poderosos porque la avaricia es su signo, y siguen jugando en los “casinos” con las primas de riesgo, las divisas y los paquetes accionariales de las empresas que no les importa arruinar. ¿Dónde está la democracia? No existe, es otra ficción. Así es su juego…

No hay que ser demasiado inteligente, ni tener dotes paranormales, para avizorar lo que está en el horizonte: inestabilidad económica, descontento social, protestas multitudinarias, alzamientos, disturbios, revoluciones, golpes de estado, supresión de derechos civiles y conflictos armados. El sistema capitalista se hunde y la salida más lógica, para nuestros gobernantes, será la guerra: colocar el uniforme militar a los descontentos para que den la vida y defiendan una supuesta patria amenazada, cuando en realidad es una maniobra para quitarlos de en medio luchando por los intereses de una minoría, porque los ciudadanos están, en todo caso, para ser manipulados. El choque de civilizaciones es inevitable, las guerras entre Oriente y Occidente aderezadas con el caldo de cultivo de la enajenación religiosa musulmana, que en un proceso esquizofrénico sitúa la idea de un Dios, que ni siquiera comprende y quizá no exista, como la guía de su existencia. Enajenación tan similar a la de nuestros políticos que se pelean por dirigir el mundo enajenado que ellos mismos promueven, un mundo bajo amenaza, pues para ello fabricaron el armamento para el exterminio. Así están las cosas: los seres humanos son como borregos que esperan su turno en el matadero. De eso se trata el Apocalipsis.

La esperanza está después de la derrota, el nacimiento del hombre posthumano que vivirá en paz y en armonía con sus semejantes en el Planeta Tierra. Mientras tanto sólo nos queda asistir al mayor espectáculo vivido por la Humanidad, su propio ocaso, como el grandilocuente reality show del mundo materialista que ambiciona la gran mayoría.

¡Pasen, pasen, siéntense, el espectáculo ya comenzó!


Pablo Paniagua, a 1 de junio del 2012.




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jueves, 22 de marzo de 2012

DE LOS HORIZONTES

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UN EDIFICIO EN LA MENTE


Es la ventana invisible de mis miedos por la que me asomo de vez en cuando. El horizonte no lo puedo divisar porque hay un muro delante, pegado ante mis ojos, que lo impide. Será difícil escalarlo, pues no tiene final, además la caída se hace previsible hacia una profundidad que transcurre entre el espacio de la pared del edificio y el muro hostil. Por esa ventana, desde luego, es imposible ver nada, y abro la puerta que está al otro lado para salir tranquilamente hacia la calle en busca de aquello que me pueda hacer feliz.


EL HORIZONTE DE LA VIDA

Más allá del horizonte hay otro horizonte y después de éste hay otro más y luego otro más… Horizontes que con su movimiento hacen girar el planeta, que cambian de lugar constantemente como una piel deslizándose sobre el magma… Yo voy hacia un horizonte inalcanzable, porque muta sin cesar buscando el infinito. Así me paso la vida, caminando sin parar con la intención de saber si hay algún final antes del ocaso de mis días. Espero conseguirlo, porque presiento un Dios al final del camino.


UNA LÍNEA SIN SENTIDO

Miro hacia el cielo y no encuentro horizonte alguno, pues no hay nubes ni estrellas, sólo ese azul cerúleo que está por encima de todo. No sé qué pensarán las aves que lo surcan, pues yo sólo respiro con los pies sobre la tierra mirando a un horizonte que también me mira. De nada sirve creer que lo finito lo marca una línea, pues está comprobado que la línea se mueve o se traspasa. En el cielo no hay límites, tampoco en la tierra, sólo están en la mente del hombre cuando atenta contra las leyes de la naturaleza.

La libertad tiene horizontes que traspasar, líneas que cruzar, para ser tan extensa como el cielo.


VÉRTICO

Hay una referencia en la lejanía: para los humanos es el horizonte, pero en mi planeta aparece vertical y lo llamamos “vértico”. Allí vivimos de medio lado y crecemos a lo ancho, justo al revés que en este lugar. En mi planeta sus pobladores no roban ni se matan entre ellos, ni hacen guerras por bienes materiales ni supuestos espirituales. Me sorprende la verticalidad de la mente humana en contraste con lo horizontal de su mundo, con su orden vertical ansiando ser más que el vecino, con estratos de poder y servilismos, con imposición de clases. En mi planeta no existe nada de eso y dentro de muestro medio vertical buscamos la horizontalidad para ser iguales. En mi planeta nos elevamos en el aire hacia el espíritu, mientras que aquí se arrastran por el suelo deseando la materia. El humano asienta los pies sobre la tierra y toma posesión del horizonte, para luego pensar en vertical.

Qué raros son, qué mundo tan extraño, donde todo está justo al revés.


DÓNDE ESTARÁ Y DE QUIÉN SERÁ

Miro al horizonte y no distingo nada. Busco una moneda de diez céntimos que perdí en aquel lugar hace cuarenta años. La verdad, me da pereza caminar hasta allá, además no estoy seguro de que sea el mismo horizonte. Por otro lado, no sé si cuando se pierde algo tan común, como es una moneda de diez céntimos, siga perteneciéndote o su propiedad pase a quien la encuentre. Así está la cosa: el horizonte allí y yo aquí, y de la moneda nada sé. La moneda está en desuso pero el horizonte no, y ahí sigue para que yo lo mire mientras pienso en la moneda. De todas formas la culpa la tiene el horizonte, más que la moneda o yo, porque está muy lejos y no me apetece caminar, además, como ya dije, puede que no sea el mismo horizonte, ese horizonte que tiene la culpa de todo.


HORIZONTES PERDIDOS

El horizonte no es, como parece, una línea recta en la distancia, es un círculo que nos rodea; de ello te das cuenta al girar sobre ti mismo en medio del océano o en la soledad del desierto; allí se deja apreciar, en él, la curvatura de la Tierra. De cualquier modo es una señal engañosa que cambia sin parar y tan diversa como el infinito, todo depende de nuestro movimiento y situación, del ángulo de la mirada, de cómo la intensidad de la luz incide sobre él. En las ciudades el horizonte se pierde entre el hormigón, hay que salir de ellas para apreciarlo; el hombre citadino no se da cuenta de estas cosas ni mira al cielo en las noches para ver las estrellas; el hombre de ahora se apartó de la naturaleza para crear un mundo fuera de ella, sin horizontes circulares que mirar.


MI PROPIO HORIZONTE

Al final de mi habitación, en su horizonte, hay un televisor encendido por donde pasan diferentes imágenes en movimiento. He de reconocer que no veo mucho la televisión, pues prefiero los horizontes de los paisajes de mi mente, tratar de escribirlos para que alguien los lea. También me adentro hacia los parajes de otros que buscan horizontes. Todos buscamos a través de la escritura nuestro propio horizonte, para saber de qué somos capaces, si es que somos capaces de algo. Un escritor sin horizontes no es un escritor, y yo lo pretendo siempre con la apuesta por delante, en este juego de la vida donde me desvivo por hacer de mi horizonte algo más que un horizonte. 





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BENEDICTO XVI, YO TE ACUSO

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Como católico reconocido por el rito del Bautismo, me siento engañado y manipulado por los más altos representantes de mi Iglesia. Creo en la Palabra de Jesús, pero no en su tergiversación y en el ejemplo de los que dicen preservarla.

Benedicto XVI, yo te acuso de encubridor y cómplice de pederastas: porque siendo Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe debiste luchar contra los más de 4 mil casos de pederastia (entiéndase abusos sexuales y violaciones a menores) denunciados durante el papado de Juan Pablo II, pero no hiciste nada. Es notorio y está perfectamente documentado el caso del padre Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo además de amigo íntimo y protegido de Juan Pablo II.

El 23 de febrero del año 1997 se publicó en el Connecticut Hartford Courant (periódico impreso de EEUU), una carta de denuncia por parte de ocho miembros de los Legionarios de Cristo, acusando a Juan Pablo II y al entonces cardenal Joseph Ratzinger de denegación al acceso de la justicia, por una denuncia de pederastia en contra del padre Marcial Maciel. El 17 de octubre del año 1998 los afectados presentaron, ante la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, una denuncia canónica por estos hechos, y recibieron como respuesta el silencio y el desprecio. El 26 de noviembre del año 2004 el Papa Juan Pablo II, ya teniendo conocimiento de estas denuncias y de otras tantas, referentes a la conducta inmoral y delictiva de su amigo Marcial Maciel, le ofreció al acusado el respaldo público en una fastuosa misa por sus sesenta años como sacerdote, con la alabanza de “que estaba colmado de los dones del Espíritu Santo”.

El hecho arriba descrito es una muestra de la conducta de Juan Pablo II y del cardenal Joseph Ratzinger, ahora conocido como Benedicto XVI, ante las denuncias recibidas de las víctimas de violaciones y abusos sexuales por parte de sacerdotes católicos, constituyendo la permisividad y el encubrimiento el proceder delictivo de los dos más altos representantes de la Iglesia Católica.

Los casos de pederastia hasta ahora denunciados, durante el papado de Juan Pablo II, ascienden a más de 4.000.

Benedicto XVI, yo te acuso de vejar la imagen de Jesucristo: porque él era humilde, se vestía con ropajes sencillos y convivía con los desheredados, cuando tú, sin embargo, te vistes con lujosas vestimentas, te adornas con oro y piedras preciosas, y te juntas con los ricos y con los poderosos. ¿Entendiste el verdadero mensaje de Jesús? ¿Cómo osas a ensuciar su imagen con tal descaro?

Benedicto XVI, yo te acuso de tergiversar el verdadero mensaje de Jesús: pues él fue crucificado, precisamente, por luchar contra una Iglesia muy parecida a la que tú representas: una desviación pagana de la idea original. Tú, Benedicto XVI, eres un farsante. ¿Sabes realmente quién era Jesucristo y cuál era su misión?

Benedicto XVI, yo te acuso de utilizar la Palabra de Jesús para enajenar con la religión a aquéllos que tienen necesidad de acercarse a la verdad y, por el contrario, son engañados con una falsa moral para ser manipulados. ¿Acaso no entendiste todavía el sentido de los Evangelios?

Benedicto XVI, yo te acuso porque eres un criminal que se pasea por el mundo con total impunidad, muestra de la hipocresía que corrompe la moral de nuestro mundo y los cimientos de la misma sociedad. Como católico me avergüenzo de ti por usurpar el asiento de Pedro.

Benedicto XVI, yo te acuso de manipular la verdad por beatificar a Juan Pablo II, un criminal que permitió durante su mandato los abusos sexuales a más de 4 mil niños indefensos. ¿Es que necesita la Iglesia Católica de un santo para los pederastas?

Detrás de ti vendrá aquél que apaciguará a las ovejas en el tiempo de las tribulaciones, y después la Iglesia Católica y todas las religiones quedarán superadas con la llegada del que traerá tiempos de paz para los habitantes de este planeta. El Catolicismo, el Islam y otras religiones monoteístas pronto verán su final, para así terminar, de una vez por todas, con la esquizofrenia religiosa que pudrió los cimientos de la Humanidad.

Benedicto XVI, estás sentado en una silla que no te corresponde porque eres el representante del mal interpretando el papel del bueno.

Ahora yo te acuso, la historia ya te juzgará…


Pablo Paniagua, a 22 de marzo del 2012.




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miércoles, 31 de agosto de 2011

DEMOCRACIAS DE HOY, DICTADURAS CAMUFLADAS

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En esta Época Supermoderna, bajo el influjo del materialismo y la banalidad, todas las democracias y ordenamientos políticos obedecen, por fuerza, a un sistema económico mundial que sólo mira por los intereses de los dueños del dinero. Si la “democracia” es el poder del pueblo, de la sociedad, hoy en día tal definición no es representada por una serie de sistemas políticos que se dicen democráticos, cuando, en realidad, son dictaduras camufladas de democracia.

A diario vemos cómo los pretendidos gobiernos democráticos recortan o eliminan los presupuestos destinados a programas sociales, suben las tributaciones y reforman las leyes para mermar los derechos de la ciudadanía, y todo en pos del mantenimiento de un orden económico mundial que sólo genera, para su reajuste, los problemas arriba mencionados, además de desigualdad, en un círculo vicioso que sólo beneficia a los dueños del dinero. ¿Cómo es posible que un grupo de especuladores pueda hundir la economía de un país, de una unión político-económica o del mundo entero? Esto es así porque las leyes de la economía mundial no sirven al conjunto de la sociedad, sino al interés de una minoría. Eso no es democracia, es capitalismo salvaje; dos conceptos, en la práctica, antagónicos.

Los márgenes de maniobra de las naciones para solventar la actual crisis económica son muy limitados y se reducen, casi exclusivamente, a recortar el gasto público y a subir los impuestos, algo que redunda en contra de la sociedad, pues el sistema económico mundial, tal cual está diseñado, no ofrece más alternativas. Para enfocar el problema de forma adecuada es imprescindible reconocer que el actual sistema económico ha fracasado, como representación e instrumento de un capitalismo salvaje totalmente obsoleto. La avaricia, la usura y la especulación, son los valores de ese capitalismo salvaje que se hunde, y las recetas para salir de la crisis son insuficientes porque siguen la inercia del modelo fracasado. Es una vergüenza, para toda la Humanidad, que en las bolsas de valores se juegue, a modo de casino, con el futuro y la dignidad de los seres humanos, dejando la actividad económica al recaudo de los especuladores.

Ahora muchos jóvenes insatisfechos con la realidad, con un futuro poco prometedor, no toman las calles para buscar una solución real, lo hacen porque no podrán disfrutar de la misma porción de materialismo que tuvieron sus padres, no se manifiestan para erradicar el mal desde su raíz, para promover un cambio necesario en el sistema, sino que lo hacen porque quieren seguir consumiendo bajo la plenitud del capitalismo salvaje. Es la cultura del “tener” que tiene hipnotizada a la sociedad, dejando la cultura del “ser” en el olvido (aquí hago referencia a Herbert Marcuse), y la conciencia colectiva de los alienados por el sistema, que son la gran mayoría, continúa con la mirada puesta en objetivos consumistas, centrados en el “tener”, porque el espejismo de la materia es poderoso.

Tampoco es válido recuperar los fundamentos socialistas fracasados, pues hay que usar la imaginación para tomar de un lado y del otro lo bueno, imaginación para superar, de una vez por todas, esa inercia nefasta que nos conduce hacia la distopía. La Humanidad ha basado su evolución en el avance de la justicia social, con el progreso en base a unos valores fundamentales como son la igualdad y la libertad, y habiendo dejado atrás los tiempos de las invasiones y la esclavitud como motor de la economía. Es por ello que el fin último de la evolución es el logro de la utopía, algo imposible sin un sistema social totalmente redistributivo.

Para salir de la actual crisis económica se hace obligado, por tanto, crear un nuevo sistema económico mundial que promueva el beneficio del conjunto de la sociedad y no los intereses de una minoría: los dueños del dinero, los poderosos y una clase política corrupta que da sustento a ese mismo sistema. Para empezar, hay que acabar con la “economía de casino” (cerrando los mercados de valores), crear una moneda única para todas las naciones, poner la banca al servicio de la sociedad a través de un nuevo Banco Mundial que emita la moneda única en base a las reservas internacionales de oro, acabar con la usura y gravar de manera sustancial a las grandes fortunas. No es permisible que las actuales dictaduras, camufladas de democracia, sólo sirvan a los intereses de una minoría. Esto no es democracia, es una farsa.

Ya queda poco tiempo y nuestro destino será, si no se promueve un cambio efectivo en la economía mundial (lo cual es improbable), el colapso del capitalismo salvaje que dará paso a la distopía total.


Pablo Paniagua, a 27 de agosto del 2011




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sábado, 11 de junio de 2011

YO, ME MEO EN BORGES

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“El Borges hablado, ese Borges de conversaciones, de conferencias, de entrevistas, y también el de los ensayos y las críticas, siempre me ha parecido pobre, y más bien superficial. En Argentina me citaban a menudo como excelentes las frases ingeniosas de Borges. Pues bien, siempre sufría una decepción. Aquello sólo era literatura, y ni siquiera de la mejor.” Witold Gombrowicz


Así de fuerte suena: “Yo, me meo en Borges”. He de reconocer que soy punk. “No hay futuro” gritaba Johnny Rotten, y estoy de acuerdo con él. Miro a mi alrededor y comprendo a la perfección Del inconveniente de haber nacido de Emile Cioran. No hay futuro, eso lo tengo claro, y para expresar dicho sentimiento me meo en Borges, en el pedestal donde le tienen como si fuera un dios, como perro callejero; y también me cago sobre su broncínea imagen, con corrosivo excremento blanco de paloma. Y es que Jorge Luis Borges encarna la tradición de una “cultura oficial” semejante a una excrecencia del sistema fracasado que nos gobierna: icono que ahora me permito derribar.

Detesto al Borges que apoyó con vehemencia a las dictaduras militares de Argentina y Chile; condeno al Borges clasista que miraba con desprecio a los obreros y trabajadores que sacaban adelante a sus familias con sueldos de miseria; censuro al Borges apegado a la élite institucional y cultural de su país; maldigo al Borges incapacitado para escribir una novela; me avergüenzo del Borges sumiso ante las faldas de su madre, al Borges con complejo de Edipo; no me gusta el Borges impotente sexual, el asexuado, el que nunca supo comprobar la humedad de una vagina; rechazo al Borges formal y modesto en apariencia, el hipócrita de voz tierna, el Borges simulador que al final nos desenmascara Bioy Casares; desprecio al Borges ataviado con saco y corbata, con el atuendo de la formalidad, el que ya siendo un adulto pedía permiso a su madre para llegar tarde o salir con una mujer.

Reconozco que Jorge Luis Borges escribió cuentos maravillosos, pero en su producción no todos alcanzan dicha excelencia: en ellos se distingue la misma estrategia repetida hasta la saciedad, el truco y el artificio, la pirotecnia. Borges fue capaz de escribir los mejores cuentos pero también los peores, tanto como el mismo Aleph que lo representa: una mediocre narración con un final para asombrar a los tontos. Pero incluso, ahí, la crítica no condena ese monumento de cartón piedra: la percepción de un escritor sobrevalorado. Si la figura del intelectual contemporáneo se significa por su independencia frente al poder, cuestionar la realidad, capacidad de disentir y generar corrientes de opinión, en Borges predomina lo contrario, pues él personifica al escritor sumiso ante el poder, el que acepta los convencionalismos sociales, el cobarde que rechaza el sexo, el escritor de buena factura estilística que se vende al sistema para justificarlo, o sea, el antiintelectual perfecto. Si otros escritores miraban hacia fuera, hacia el mundo para explicarlo o analizarlo, viendo la creación literaria como un canto a la libertad, Borges, por el contrario, se canta a sí mismo, sólo especula con las ideas rechazando cualquier posición crítica, para así asumirse como el escritor de la oficialidad, razón por la cual a Borges se le ha perdonado todo: sus coqueteos y alabanzas para las dictaduras militares de derechas, las que proponía, como teórico de lo abismal, para todo el continente Americano y acaso para el mundo. A Borges, repito, se le ha perdonado todo, no como a Ferdinand Céline por su antisemitismo y muy a pesar de haber escrito un monumento literario como Viaje al fin de la noche, donde asume el papel del intelectual genuino que tanto molesta al poder.

“Yo, me meo en Borges”, insisto. Soy punk y prefiero la otra tradición, la que siempre cuestiona, la que se enfrenta al poder, la mal portada, la directa, la inconformista, la iconoclasta… Prefiero a Franz Kafka con sus novelas inacabadas, a Henry Miller durmiendo al cobijo de un puente en París, a Antonin Artaud en el manicomio, a Allen Ginsberg redactando Aullido bajo los efectos del LSD, a Jack Kerouac de viaje hacia California por la Ruta 66, a William S. Burroughs quemando en una cuchara su dosis de heroína, a Jim Morrison en éxtasis sobre el escenario, al profeta Bob Marley con sus canciones de amor y paz, a Johnny Rotten gritando “no hay futuro” y al replicante albino de Blade Runner muriendo bajo la lluvia.

Cuando te enfrentas a Borges como lector te deslumbra, pero cuando lo haces como escritor descubres sus trucos, sus debilidades de estilo, y la tan mentada “inteligencia borgiana” se transforma es una pose, una simulación bien disfrazada, pues esa inteligencia de desploma con el Borges antiintelectual que justifica, con razones míseras, superficiales y torpes, a las dictaduras militares de derechas que pisotearon la democracia y la libertad. Me meo en Borges, viajo hasta el cementerio en la ciudad Ginebra, allí donde está enterrado, y lo hago sobre su tumba. Soy punk. Prefiero mil veces a Omar Viñole con su vaca y sus escritos irreverentes, y al Witold Gombrowicz marginal con sus rupturas experimentales diciendo: “Maten a Borges”.

Con este escrito sé que importuno a las mentes convencionales, pero no voy a permanecer callado, prefiero mil veces seguir meándome en Borges una y otra vez, seguir escribiendo lo que siento y pienso, a pesar del parecer de los alienados por el sistema y su cultura oficial. “A mí, no me dan gato por liebre.”



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jueves, 19 de mayo de 2011

POR UNA REVOLUCIÓN PLANETARIA

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Tras el hundimiento de las utopías y el triunfo del liberalismo económico, sobre todo un ideario socialista errado y el posterior fracaso de su rival, ese mismo capitalismo salvaje, no queda más remedio que recuperar la ilusión por la utopía, precisamente para salir del callejón sin salida al que nos arroja un sistema económico bajo la inercia de los intereses de los dueños del dinero, que se imponen sobre la mayoría.

Se podrán manifestar las masas, llenando las calles y las plazas, pero nada se logrará si no se modifica el error desde su origen, pues los partidos políticos obedecen, sin ninguna otra opción, a las leyes del sistema económico mundial al cual pertenecen. Es la universalización de la usura y la especulación, cuando los capitales se mueven en mercados de valores que no son más que “casinos” donde se juega con la dignidad, el trabajo, el futuro y el bienestar de los seres humanos, como si estos últimos fueran una simple mercancía o variable estadística.

Está claro que el sistema económico mundial está llegando a su colapso y nos conduce hacia la distopía, sin ninguna otra opción para unas dictaduras disfrazadas de democracia que sólo sirven a los intereses de una clase política, generalmente corrupta, y a los dueños del dinero. A todas luces parece ilógico que el entramado económico mundial actúe en favor de una minoría, y en detrimento del bien común, cuando debería ser a la inversa. He ahí el fondo del asunto: por avaricia, por amasar grandes sumas de dinero (en manos de unos pocos), se ha de explotar a la mayoría. Avaricia, usura y especulación, son los valores que dominan un pacto social injusto y denigrante, un punto sin retorno hacia la esperanza.

Y aquí regresamos a lo que nos señalaba Hebert Marcuse, en el sentido de que nuestra sociedad está más obsesionada por el “tener” que por el “ser”, lo que indudablemente no sucedería sin la alienación del individuo por el actual sistema consumista y su banalidad. He ahí otro factor a tener en cuenta: los alienados por la banalidad consumista son multitud. El éxito, ahora, es sinónimo de ostentación económica, y el “ser”, por medio de la exacerbación consumista, parece haber sido desterrado de nuestra sociedad. Lo uno va unido con lo otro, una manifestación más de la pérdida de valores en el capitalismo salvaje.

En la actual Época Supermoderna, devenida tras el hundimiento de las utopías, no queda más remedio, ante la crisis y el colapso del sistema, que cambiar las leyes de la economía actual por otras más justas que obren en interés y beneficio de la mayoría. Para ello, se deben cerrar las bolsas de valores y así acabar con la especulación, crear una moneda única para todo el Planeta, y que los bancos estén en manos del Estado para erradicar la usura y encaminar la actividad económica en beneficio del bien común. Del mismo modo, hay que acabar la “partidocracia” y promover una nueva dimensión democrática sin partidos políticos, donde los ciudadanos puedan elegir a sus gobernantes dentro de una nómina funcionarial que haya demostrado con anterioridad su competencia, tras un obligado proceso de evaluación teórico y práctico y en base a resultados de gestión. Para administrar el Estado no se necesitan partidos y políticos corruptos, sino administradores públicos eficaces. Las democracias actuales, que son demasiado onerosas para el erario público, sólo favorecen a la partidocracia y trabajan en favor del ya señalado sistema económico mundial, pues no son nada más que dictaduras disfrazadas de democracia que no sirven a los intereses de los ciudadanos que dicen representar.

Se hace obligado, por tanto, cambiar el sistema económico y político mundial para salir del callejón sin salida, derribando sus muros mediante una revolución planetaria que traiga mejoras para la Humanidad en su conjunto. Y repito: “se podrán manifestar las masas, llenando las calles y las plazas, pero nada se logrará si no se modifica el error desde su origen.” Pero lamentablemente, antes de que esto suceda, los dueños del dinero y los poderosos nos arrojarán, en un acto desesperado, hacia la distopía total de una Tercera Guerra Mundial. Ya estamos muy cerca: asistiremos al Apocalipsis como espectadores frente a la pantalla de una computadora, como el acto más representativo de la banalidad supermoderna.


Pablo Paniagua, 18 de mayo de 2011




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martes, 17 de mayo de 2011

MANIFIESTO: DEMOCRACIA REAL YA - MOVIMIENTO 15-M

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En apoyo por el cambio político surgido en España, DEMOCRACIA REAL YA, publico el manifiesto de dicho movimiento que se emparenta ideológicamente con la mayoría de los textos de este blog.


Somos personas normales y corrientes. Somos como tú: gente que se levanta por las mañanas para estudiar, para trabajar o para buscar trabajo, gente que tiene familia y amigos. Gente que trabaja duro todos los días para vivir y dar un futuro mejor a los que nos rodean.

Unos nos consideramos más progresistas, otros más conservadores. Unos creyentes, otros no. Unos tenemos ideologías bien definidas, otros nos consideramos apolíticos… Pero todos estamos preocupados e indignados por el panorama político, económico y social que vemos a nuestro alrededor. Por la corrupción de los políticos, empresarios, banqueros… Por la indefensión del ciudadano de a pie.

Esta situación nos hace daño a todos diariamente. Pero si todos nos unimos, podemos cambiarla. Es hora de ponerse en movimiento, hora de construir entre todos una sociedad mejor. Por ello sostenemos firmemente lo siguiente:

- Las prioridades de toda sociedad avanzada han de ser la igualdad, el progreso, la solidaridad, el libre acceso a la cultura, la sostenibilidad ecológica y el desarrollo, el bienestar y la felicidad de las personas.

- Existen unos derechos básicos que deberían estar cubiertos en estas sociedades: derecho a la vivienda, al trabajo, a la cultura, a la salud, a la educación, a la participación política, al libre desarrollo personal, y derecho al consumo de los bienes necesarios para una vida sana y feliz.

- El actual funcionamiento de nuestro sistema económico y gubernamental no atiende a estas prioridades y es un obstáculo para el progreso de la humanidad.

- La democracia parte del pueblo (demos=pueblo; cracia=gobierno) así que el gobierno debe ser del pueblo. Sin embargo, en este país la mayor parte de la clase política ni siquiera nos escucha. Sus funciones deberían ser la de llevar nuestra voz a las instituciones, facilitando la participación política ciudadana mediante cauces directos y procurando el mayor beneficio para el grueso de la sociedad, no la de enriquecerse y medrar a nuestra costa, atendiendo tan sólo a los dictados de los grandes poderes económicos y aferrándose al poder a través de una dictadura partitocrática encabezada por las inamovibles siglas del PPSOE.

- El ansia y acumulación de poder en unos pocos genera desigualdad, crispación e injusticia, lo cual conduce a la violencia, que rechazamos. El obsoleto y antinatural modelo económico vigente bloquea la maquinaria social en una espiral que se consume a sí misma enriqueciendo a unos pocos y sumiendo en la pobreza y la escasez al resto. Hasta el colapso.

- La voluntad y fin del sistema es la acumulación de dinero, primándola por encima de la eficacia y el bienestar de la sociedad. Despilfarrando recursos, destruyendo el planeta, generando desempleo y consumidores infelices.

- Los ciudadanos formamos parte del engranaje de una máquina destinada a enriquecer a una minoría que no sabe ni de nuestras necesidades. Somos anónimos, pero sin nosotros nada de esto existiría, pues nosotros movemos el mundo.
Si como sociedad aprendemos a no fiar nuestro futuro a una abstracta rentabilidad económica que nunca redunda en beneficio de la mayoría, podremos eliminar los abusos y carencias que todos sufrimos.

- Es necesaria una Revolución Ética. Hemos puesto el dinero por encima del Ser Humano y tenemos que ponerlo a nuestro servicio. Somos personas, no productos del mercado. No soy sólo lo que compro, por qué lo compro y a quién se lo compro.

Por todo lo anterior, estoy indignado.

Creo que puedo cambiarlo.

Creo que puedo ayudar.

Sé que unidos podemos.

Sal con nosotros. Es tu derecho.




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lunes, 16 de mayo de 2011

SENTIMIENTO SUBLIME

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"Dedicado al Padre Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, grande de la Iglesia Católica y protegido del recién beatificado Juan Pablo II, para que Dios le tenga en su seno."

Siento algo especial cuando le veo, con la piel tan lisa, tan limpia, tan joven, como si fuera un ángel, un querubín, con los rizos de oro y su mirada transparente. Enfermedad contagiosa la de la belleza, de la pureza del espíritu, virginal y sin pecado. Es mi niño bonito y siempre añorado, lo que me aparta del mundo terrenal, su sola imagen, su presencia me trasporta al mismo Paraíso. La claridad aparece entonces, de un estado supremo que me guía por los senderos de lo Celestial, allí a los brazos del Creador, por saber que en este mundo de miserias, de sinsabores y dolor, existen seres en esencia tan digna. ¡No bastan las palabras para expresar tal sentimiento y ni la misma poesía alcanza para describir dicho estado! ¡Gloria suprema! ¡Bienaventuranza! ¿Cómo comprender la naturaleza del hombre ante algo tan puro? Sin duda, es Dios el que se muestra en ello. ¡Imposible describirlo con palabras! ¡Cómo negar su existencia ante semejante prueba! ¡Es el amor!

Y allí, en nuestro refugio secreto, permanecemos. Mis palabras son amables, suaves como caricias, y sus ojos brillan con la intensidad de la inocencia. Es mi niño de bucles de oro lo que más quiero, él me transporta hacia los brazos del Señor y me aparta del pecado. Le siento en mis rodillas y le hablo, de la suerte que tenemos por estar juntos por compartir nuestras vidas ante los ojos del Supremo. Acaricio su pelo y respiro su aliento; siento su lengua pequeña dentro de mi boca y palpo su entrepierna. ¡Tan bello! ¡Tan inocente! ¡Sin pecado! ¡Es el acto del amor! Y le desnudo para contemplarle en toda su grandeza, para besar su cuerpo, su piel y su miembro blanquecino. ¡Oh Dios! ¡Gracias por semejante regalo! ¡Toda una religión y tu Palabra para ello! ¡Sentimiento sublime! ¡Oh Dios! ¡Oh Dios! ¡Contágiame con tu pureza! ¡Ya estoy dentro de él! ¡Dentro de ti! ¡Contágiame con tu fuerza! ¡Oh Dios! ¡Oh Dios!

Y el amor carnal realiza su transmutación hacia el espíritu, el amor verdadero de nuestro Cristo y Señor. Ya no importa el acto carnal ante tal sentimiento, tan puro como el agua cristalina de un manantial, como la brisa en el bosque, como el aroma de una flor.



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Derechos Reservados - Copyright © Pablo Paniagua
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lunes, 29 de noviembre de 2010

EL FINAL DE LA POSTMODERNIDAD Y EL ADVENIMIENTO DE LA ÉPOCA SUPERMODERNA

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¡La Postmodernidad ha muerto!

Hoy se habla de la Postmodernidad como si todavía estuviéramos inmersos en ella, cuando hace tiempo quedó atrás.

En todas las épocas de la historia el arte ha sido un reflejo de su tiempo y una manifestación que nos sirve para estudiar los comportamientos sociales y culturales, y en dicho sentido, para entender la Postmodernidad y certificar su muerte, es preciso comprender, a su vez, el siguiente proceso evolutivo: Modernidad – Postmodernidad – Supermodernidad, en su dimensión artística, para luego llevar el modelo a su escala social y política. También, he de aclarar, es más preciso utilizar los términos como están propuestos, en vez de Modernismo, Postmodernismo y Supermodernismo, por el simple hecho de que el Modernismo es una corriente artística surgida entre los siglos XIX y XX, que también se conoce con los nombres, según los países, de Art Nuveau, Modernisme o Jugendstyl, y por ello Modernismo y Modernidad no son lo mismo, pues el primero se refiere a una corriente artística y el segundo a una época de la Historia del Arte, de tal modo que, para igualarlos en un mismo plano lingüístico y conceptual, son más acertados los términos propuestos. Respecto al término “hipermodernidad”, que hoy en día emplean algunos filósofos, como por ejemplo Gilles Lipovetsky, es del todo erróneo, pues para utilizar el prefijo “híper” primero se tendría que haber pasado por lo “súper”, nomenclatura evolutiva necesaria y aplicable en este caso.

Para ordenar este ensayo, en el punto primero –I– abordaré la antedicha evolución en su faceta artística; en el punto segundo –II– veremos que la misma sintomatología se repite en los aspectos sociales y políticos; y en el punto tercero –III– ofreceré mis conclusiones sobre la actual Época Supermoderna.

I

Hoy, con la perspectiva del tiempo pasado, un tiempo que dejaba de ser presente para convertirse constantemente en futuro, como una mutación de sí mismo, como fundamento del cambio, podemos abordar para comprender, desde esta distancia, todos los sucesos artísticos del siglo XX en lo que a las artes visuales se refiere, a partir del concepto de “Dispersión del arte”.

Tenemos que considerar el arte del siglo XX como una entidad en constante evolución, tratando de superarse a sí misma a un ritmo frenético, en una lucha por descubrir todas las formas expresivas y de representación posibles que el ser humano pudiera crear, haciendo un paralelismo con el progreso científico y tecnológico por medio del cual la Humanidad llegaría a conocer lo hasta ahora no conocido como una conquista más de la evolución.

Entre finales del siglo XIX y principios del XX aparece en Europa el Arte Moderno, en el instante en que el artista deja de copiar la realidad, para acabar inventándola, en ese afán aventurero de crear lo inexistente como fin último de esa evolución ilimitada. En ese momento, los sucesos artísticos se dan de acuerdo a una serie de parámetros estilísticos, que los conforman como determinados movimientos con una evidente preponderancia dentro de su medio. Estos movimientos artísticos se suceden unos a otros, según van surgiendo diferentes formas de expresión y representación de una realidad nueva, descubierta o inventada. Pero, para hacer utilizables estos términos de manera conjunta, podríamos decir que la expresión artística se da representada de manera objetual o conceptual, según sea su determinada carga.

En un principio el Arte Moderno se vio expresado, fundamentalmente, de manera objetual y enmarcado en un territorio llamado europeo, o sea, concentrado en un lugar geográfico preciso (principalmente en París) en eso que se denominarían Vanguardias Históricas, si bien esa determinación territorial no era del todo exclusiva, pues en Alemania, Austria e Italia, antes de la primera guerra mundial, en Suiza durante ella, y en Rusia entre los años 1909 y 1925, hubo una importante actividad vanguardista, pero de ninguna manera tan poderosa como en la ciudad del Sena.

En 1916, en la ciudad de Zurich, aparece el Movimiento Dadaísta, propuesto por Hugo Ball y luego encabezado por el pensador Tristan Tzara, que junto con un grupo de artistas hacen realidad la revolución que preconiza el fin del arte o el antiarte. Pero la ruptura definitiva con la esencia objetual se dio en el año 1917 con Marcel Duchamp, cuando elige un objeto cotidiano para exponerlo y firmarlo como obra de arte: un hecho de vital importancia en la futura trayectoria del Arte Moderno, que en ese preciso instante no supuso más que una provocación, pero que, a la larga, cambiaría el curso de la historia.

El fin de Dada no se hizo esperar, debido al choque ideológico entre dos gurús, el citado Tzara y André Bretón, mentor del Surrealismo, y muchos de los artistas integrados en el dadaísmo se pasaron a las filas de la revolución surrealista.

Si Dada suponía una negación de la realidad impuesta por los poderes dirigistas de la sociedad, el Surrealismo reivindicaba la realidad de lo irracional.

Hasta aquí, el “estado de concentración” que se daba en el mundo del arte era algo evidente, pero con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, en 1939, empieza la “dispersión del arte” al menos en su etapa geográfica. Aquellos movimientos artísticos que se sucedían han de abandonar la escena donde se desarrollaban, acabándose para dar paso a otros nuevos. El epicentro del mundo del arte sería ahora la ciudad de Nueva York, aunque en Europa, tras el final de la guerra, la actividad creadora continuaría pero ya no de forma tan arrolladora como en tiempos pasados. Se pasó de la “Escuela de París” a la “Escuela de Nueva York” y a la bipolaridad en el dominio de los sucesos artísticos.

En los Estados Unidos de América surgió con fuerza, en torno al año 1945 (y no sin apoyo del Estado) el Expresionismo Abstracto, como primera tendencia genuinamente americana y como última manifestación estética del Arte Moderno; tras ésta, a partir de 1955, aparecerían el Pop Art (europeo y estadounidense), la llamada Nueva Abstracción o Abstracción Postpictórica (que más tarde competiría con diversas abstracciones europeas como Grupo Cobra e Informalismo), el Op Art y el Minimal Art. En las tendencias norteamericanas ya se aprecia una ruptura estética más cercana a planteamientos conceptuales, y en el caso del Pop Art cierto “neodadaismo” en la reproducción de algunos trabajos, en los que la mano del artista ya no está presente, y un claro comportamiento postmoderno por la influencia iconográfica de la sociedad de consumo. Aquí, ya podemos hablar del inicio de la Postmodernidad y señalar al Pop Art como su primera manifestación artística. En aquella época también aparecen las artes del cuerpo (happening, performance, etc.), y el “concepto”, en sus distintas manifestaciones, empieza a tomar relieve en la escena artística.

Sucede, entonces, otra ruptura sobre la concentración que ya no es meramente de lugar, sino de contenido. Es el concepto que entra en escena, la herencia de Duchamp y el Movimiento Dadaísta. El concepto se concreta cuando se abandona la improvisación dadaísta, para hacer un planeamiento previo de lo que hay detrás de la idea, y no la idea en sí. Como resultado, a partir del año 1969 comienzan las exposiciones de Arte Conceptual como tal, viéndose legitimada esta tendencia en el año 1972 en la Documenta 5 de Kassel.

La competencia entre el “concepto” y el “objeto” está servida en forma de lucha fratricida entre dos elementos que son como el aceite y el agua, que al ser incompatibles provocan la dispersión de sus sustancias. Así comienza el verdadero camino hacia la “dispersión del arte”, que no es más que el tránsito del principio de la dispersión hasta la dispersión total y el triunfo del concepto sobre el objeto, en lo que podríamos llamar Supermodernidad, que es el estado en el que ahora nos encontramos.

En la Postmodernidad se da la citada lucha entre el objeto y el concepto, a través de un conjunto de discursos que pugnan por imponerse, fundamentados en la defensa o en el ataque a la mimesis de la realidad. La actividad artística, a su vez, se empieza a diseminar en diferentes puntos geográficos y el eclecticismo de las formas de expresión–representación se conforma como la tónica generalizada, dando paso a la Supermodernidad, donde el arte se empieza a dispersar poco a poco, hasta llegar a ser un modo de expresión propio del mundo occidental que se implanta a nivel planetario, con el triunfo final del concepto sobre el objeto.

La Supermodernidad está caracterizada por la mundialización del arte en la cultura global occidental, en la que tienen cabida multitud de artistas de diferentes lugares del planeta, que trabajan, sobre todo, en referencia al concepto. Vemos, así, que los diversos estados de la Historia del Arte tienen paralelo con el desarrollo de la sociedad occidental en el transcurrir del siglo XX, pues el arte es una manifestación como reflejo emanado de un mismo cuerpo.

No entro a valorar, en este punto, la supuesta crisis de la sociedad globalizada, ni la crisis del arte expuesta de manera tan locuaz por Jean Baudrillard, simplemente unifico la historia del arte del siglo XX bajo los conceptos de “concentración–dispersión”, para explicar y marcar cronológicamente su accidentado transcurrir.

II

Si la Postmodernidad en el mundo del arte se identifica por la lucha entre el objeto y el concepto, y la separación territorial de las diferentes manifestaciones y el inicio de la comentada dispersión del arte, en el plano socioeconómico y político, la Postmodernidad, de igual modo, se identifica por la lucha entre Oriente y Occidente en lo que se denominó como Guerra Fría, con dos maneras distintas de entender los procesos económicos entre el capitalismo y el comunismo. Objeto-concepto en el arte, capitalismo-comunismo en el plano político y socioeconómico. Por consiguiente, el inicio de la Postmodernidad lo podríamos marcar en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, con la reconstrucción europea y dentro del proceso de separación del mundo en dos bloques políticos.

La pugna entre el objeto y el concepto terminará con la supremacía del concepto en el mundo del arte a finales de la década de los años 80, cuando en los diferentes eventos internacionales del arte, ferias y bienales, el concepto rebasa a las distintas expresiones objetuales, con una sensibilidad estética más acorde a los nuevos tiempos y frente a propuestas más envejecidas que quedan como referencia del pasado. En la esfera política y socioeconómica, de manera similar, el capitalismo, con la liberalización total de la economía, se impone como modelo mundial predominante frente a un comunismo fracasado, con el final de la Era Soviética y la caída simbólica, en 1989, del Muro de Berlín.

Si en el mundo del arte, al final de la Postmodernidad, la dispersión de los diferentes centros creadores se da a nivel planetario, en el plano socioeconómico y político cobra relevancia la mundialización del liberalismo económico como modelo, en lo que se define como “globalización”. A partir de aquí, con la dispersión total del arte y con la globalización del modelo occidental, es cuando ya podemos hablar del inicio de la Época Supermoderna, a partir del año 1989, con la caída del Muro de Berlín (si bien los cambios entre épocas, Modernidad – Postmodernidad – Supermodernidad, siempre se producen como un proceso de transición en pocos años, con el atisbo de las primeras manifestaciones que terminan por tomar fuerza e imponerse como pauta).

Asimismo es fundamental, dentro de este proceso que marca el inicio de la Supermodernidad, el surgimiento de un nuevo medio de comunicación e información global, a través de una red de redes que se da a conocer con el nombre de Internet, cuya aplicación abierta se empieza a implantar a partir del año 1992, con un proceso experimental previo que se inició en el año 1989 con el primer ISP de marcaje telefónico world.std.com. Ahora en Internet confluye y se desarrolla una nueva “cultura global” que expande las fronteras de la comunicación y la información de manera prodigiosa, algo totalmente inédito en la Historia de la Humanidad y como signo de la nueva Época Supermoderna.

Si en la Postmodernidad la sociedad occidental se ve influida en su desarrollo por la tecnología y las tendencias consumistas, en la Supermodernidad lo está bajo el consumismo exacerbado y la alta tecnología o hi-tech (telefonía móvil, computadoras, pantallas de plasma, productos cibernéticos, videoconsolas, discos compactos, nanotecnología, etcétera), en lo que representa un salto cualitativo respecto a anteriores avances tecnológicos. Ya la relación del humano con la tecnología es distinta, pues su dependencia pasa a formar parte de su manera de vivir como algo imprescindible.

Salta a la vista que la vida y las dinámicas sociales de la Postmodernidad no son las mismas, que a partir de los procesos globalizadores que se desarrollan tras la caída del Muro de Berlín, e hiere a la razón no percibir esta nueva realidad y seguir hablando de los tiempos actuales como si todavía estuviéramos instalados en una especie de Postmodernidad eterna, cuando las condiciones sociales, artísticas y políticas ya no son las mismas, y cuando los avances tecnológicos están cambiando los procesos evolutivos de la especie humana.

III

Habiendo ya certificado la muerte de la Época Postmoderna, ahora explicaré mis conclusiones sobre la recién iniciada Época Supermoderna.

Un incierto pensador, como es Francis Fukuyana, tergiversando a Hegel y a Alexandre Kojève, declaró el Final de la Historia viendo en el triunfo del “liberalismo económico” la solución a los problemas de la Humanidad, cuando dicho modelo político, que se basa en la avaricia, la usura y la especulación, triunfa con sus cimientos corruptos sobre el comunismo. A este respecto, Gilles Lipovetsky se equivoca cuando dice que su mal llamada “hipermodernidad” se funda en cuatro principios, como son los derechos humanos, la democracia pluralista, la lógica del mercado y la lógica tecnocientífica; pues los derechos humanos de ningún modo son respetados por unas democracias (que más bien parecen dictaduras camufladas) que se desviven por el mantenimiento de un sistema económico tan injusto que favorece, exclusivamente, a los dueños del dinero; cuando dichas “democracias”, dominantes en occidente, hacen guerras ilegales que pisotean los derechos humanos que dicen se han de valer. Y es que la Supermodernidad, más bien, se identifica por la simulación que suponen los presuntos valores beneficiosos del liberalismo económico, las dictaduras disfrazadas como democracias, el respeto de los derechos humanos a conveniencia, y sí, aquí sí, la lógica tecnocientífica.

En la sociedad supermoderna el individuo se ve alienado por todo lo que conforma el sistema político-económico arriba expuesto, mediante una serie de dinámicas enajenadoras que se asumen como tipo de vida. Es la cultura del consumismo exacerbado y de la imagen que se desprende de lo material, del tanto tienes tanto vales, del dinero y la ostentación como sinónimo de éxito social, es la banalidad más absoluta infectando los cimientos de la misma sociedad.

Y es que el triunfo del liberalismo económico supuso el hundimiento de las utopías, de los pensamientos que buscaban, en la evolución de la especie humana, un mundo más justo, libre y pacífico, ofreciendo, a cambio, un sistema económico salvaje que agranda las brechas de desigualdad económica, con el consecuente aumento de las masas de pobreza y la hegemonía de la injusticia como signo. Así pues, la Supermodernidad nace bajo la inercia enajenadora y la crisis embrionaria de un sistema económico que marca el camino hacia lo contrario que simboliza la utopía: la distopía.

A lo anterior debemos sumar que, tras la caída del Muro de Berlín y el desmantelamiento de los sistemas políticos comunistas, el mundo se volvió a dividir, esta vez, en dos bloques con una manera totalmente distinta de entender la realidad, y bajo el influjo de tradiciones marcadas por los mandatos de sus religiones dominantes. El proceso globalizador impuesto por Occidente, con las reglas de su orden económico y como forma de conquista cultural, es rechazado por parte de las sociedades musulmanas y de sus regímenes políticos teocráticos, pero con cierta propensión retrógrada hacia postulados ultraconservadores. Se da, consecuentemente, una lucha de civilizaciones basada en el sentir de sus distintas religiones, cuando cada vez está más claro que los cultos monoteístas, cuyos dioses fueron inventados por los hombres, para dar sustento y respuesta a las incógnitas sobre la existencia, sólo han servido para generar violencia y promover lo contrario de lo que por lógica se desprende de los atributos que debería tener la divinidad, como son el amor, la misericordia y el respeto ajeno, de tal modo que ahora un islamismo intransigente, esquizofrénico, se vale de la violencia para alejarse de cualquier valor que pudiera ser avalado por un dios verdadero, en idéntico proceso al de Iglesia Católica en tiempos pasados.

La falta de valores, la simulación, la alienación del individuo por el poder y por el sistema económico consumista, la adicción tecnológica y la esquizofrenia religiosa, son los valores de una nueva Época Supermoderna sumida en la banalidad. La especie humana, por lo visto, camina hacia la distopía. Habrá que esperar, mientras tanto, el nacimiento del hombre posthumano, ése que vivirá en paz en este planeta tras el derrumbe de la actual Humanidad.


Pablo Paniagua, a 20 de noviembre del 2010


BIBLIOGRAFÍA:

El presente ensayo, para estar más acorde con el método propuesto por Michel de Montaigne, se aparta del academicismo que domina en el género y por ello ofrece la bibliografía consultada habiendo omitido las especificaciones al texto:

–Simón Marchán Fiz. Del arte objetual al arte de concepto (epílogo sobre la sensibilidad postmoderna). Ediciones Akal, S.A. 1988. Madrid, España.
–Mario De Micheli. Las vanguardias artísticas del siglo XX. Alianza Editorial S.A. 1988. Madrid, España.
–Edward Lucie-Smith. Movimientos artísticos desde 1945. Ediciones Destino S.A. 1994. Barcelona, España.
–Jean Baudrillard. La ilusión y la desilusión estética. Monte Avila Editores 1998. Caracas, Venezuela.
–Arthur Danto. El final del arte. “El Paseante” (décimo aniversario) 1995. Ediciones Siruela S.A. Madrid, España.
–Joseph Maria Montaner. La modernidad superada (arquitectura, arte y pensamiento del siglo XX). Editorial Gustavo Gili S.A. 1999. Barcelona, España.
–Jorge Juanes. El arte posthumano. “Artelugio” No 5, año 2002. Dirección de comunicación y difusión cultural Universidad Autónoma de Querétaro. México.
–Francis Fukuyama. El fin de la historia y el último hombre. Editorial Planeta 1992. Barcelona, España.
–Gilles Lipovetsky. Los tiempos hipermodernos. Ed. Anagrama 2006. Barcelona, España


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domingo, 7 de noviembre de 2010

LA CIVILIZACIÓN DEL TIEMPO

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El tiempo no existe, es una invención del hombre; las cosas suceden, nada más. El tiempo lo abarca todo pero no tiene materia ni sustancia, es un concepto abstracto. Por esta razón decidí vivir sin él y no contabilizar nunca más, ni segundos ni minutos ni horas ni días ni semanas ni meses ni años ni siglos ni eras… Con observar el cielo y las estrellas, la metamorfosis lunar, me sería suficiente, para ver salir el Sol por el este y ocultarse por el oeste; así, volvería a mi esencia natural.

Fue cierto día cuando me dio por pensar en estas cosas, y todo como consecuencia de un acto fortuito. Estaba caminando por la ciudad y de repente hubo un apagón. Era de noche y las calles se quedaron a oscuras, bajo la ocasional luminiscencia vehicular que palpitaba por las arterias de asfalto. Aunque eso, sin embargo, no fue lo que llamó mi atención, ni siquiera el sonido de las alarmas que aullaban molestamente con su intermitencia rompiendo toda armonía, pues sobre mi cabeza, por encima de los altos edificios, pude ver un cielo estrellado que me sorprendió con la magnitud de su belleza. Entonces, me pregunté: “¿Cuánto hacía que no me paraba a mirar el cielo como si fuera un paisaje?” “Años”, fue la respuesta.

Ahora las personas viven separadas de sus orígenes y ya no alzan la vista al cielo para ver las estrellas, ya no saben qué es respirar el aire limpio y transparente, vivir en armonía con la naturaleza, con su esencia, con lo inmanente que palpita en toda la creación. Hoy el tiempo lo contabiliza todo y es el símbolo de la escisión del hombre con su entorno. Pero en un principio, cuando aún no se había inventado, las cosas sucedían porque sí, no se buscaba una explicación del acontecer por el espacio, era lo normal, y el transcurso del día a la noche y viceversa, los ciclos estacionales y demás ordenamientos planetarios no necesitaban ser desentrañados. ¿Qué somos ahora que inventamos el tiempo? ¿Hacia dónde caminamos bajo su influencia?

La respuesta es simple: “La especie humana, desde entonces, se comporta como una verdadera plaga que pretende acabar con lo que le rodea.”

“Yo no seré cómplice de esta barbarie y abandonaré la civilización del tiempo”, me dije; y al mirar mi brazo izquierdo pude ver en él, rodeando la muñeca, un reloj suizo de un valor aproximado de trescientos cincuenta euros. Rápido me lo quité, con la intención de librarme de su dominio, y por un instante pensé en regalárselo a la primera persona que pasara por mi lado, pero luego recapacité y concluí no hacer semejante daño al prójimo, y acabé arrojándolo por una alcantarilla. He de admitir que en un primer momento me sentí aliviado, pero enseguida tomé conciencia de la responsabilidad de mi decisión y de que tirar el reloj no bastaría para superar el nefasto influjo del tiempo. En consecuencia, al día siguiente, y tratando ser lo más congruente posible, decidí despedirme de la empresa donde trabajaba como ejecutivo, con un sueldo de cinco mil euros mensuales, además de dejar mi bonita casa con jardín, totalmente equipada, aunque con una hipoteca pagadera a treinta años (ahí quedaba el sueño que ya quisieran muchos, un modo de vida generalizado construido bajo las leyes del tiempo). Tomé la precaución, como es de suponer, de sacar todo mi dinero del banco, para así pegarle un literal y definitivo corte de mangas a toda mi existencia anterior. Muchos eran los segundos, los minutos, las horas, los días, las semanas, los años, que había vivido bajo la perspectiva y sumisión de un sistema ficticio, algo tan artificioso como el valor de todos aquellos papeles de colores a los que se les asigna una cantidad, un dinero tan falso como la materia del tiempo, un engaño para que el hombre siga oprimiendo a sus semejantes. Nadie se da cuenta de esto y por tanto nadie hace nada, y el balido de toda la Humanidad resuena en los ecos de su ignorancia: ¡Beee, beee, beee, beee, beee…!

El siguiente paso, dentro de mis planes, fue comprar un par de cabras y unas gallinas, para luego tomar rumbo, con unos cuantos enseres que metí dentro de una mochila, hacia las montañas del norte de mi ciudad. A un lado de la carretera abandoné el automóvil, no sin antes prenderle fuego con los quince mil y pico euros que ya no necesitaba. Total, me quedaban tres años de letras para terminar de pagarlo (ya valores, en tiempo y cantidad, sin ningún sentido), y ardió soltando al aire la tremenda humareda de su impagable deuda. Casi me dieron ganas de proferir una carcajada, pero me limité a pegarle otro literal corte de mangas al último vestigio de mi vida: un BMW último modelo ahora envuelto en llamas. Y ahí lo dejé, entre el crujir y las chispas de su combustión, cuando por un camino de tierra me interné con mis dos cabras, mis gallinas y con la mochila a la espalda.

No tardé en llegar, tras un tiempo ahora impreciso e inmedible, hasta las faldas de un pequeño cerro por donde discurría un arroyo haciendo eses entre rocas, zarzas de mora y otro tipo de vegetación que desconozco, salvo las matas de orégano y tomillo que se extendían por ahí. Grandes grupos de rocas graníticas se amontonaban, como si se hubieran desprendido desde lo alto de la montaña, para formar a su antojo un paisaje singular entre el verdor de la hierba y el azul de un cielo inmaculado. Respiré hondo, para llenar mis pulmones con el aroma de la naturaleza, y al exhalar supe que por mi boca salían los últimos segundos de un tiempo ya extinguido. Por fin me sentía totalmente libre, con las dos cabras y las gallinas, envuelto por aquel paraje que ahora sería mi nuevo hogar. Busqué una gruta y no tardé en encontrarla, lugar idóneo para protegerme de las inclemencias del clima, y allí me instalé de lo más feliz con mis pocas pertenencias. Até las cabras a un árbol, y con unas cuantas piedras, unas ramas y una tela de alambre, construí un corralito para las gallinas.

Aquel día, sentado en la entrada de mi gruta, en lo alto, pude ver cómo el sol cubría el mundo de naranja. Luego, no tardaron en aparecer las estrellas, con una Luna diminuta que era como un arañazo en el cielo, mientras los grillos cantaban desde su escondrijo a la noche de verano. Me tumbé con la espalda reposando sobre la piedra, para ver el mapa celeste que centelleaba en toda su amplitud, y me di cuenta de que allí estaba Dios arropándome con su abrazo.

Fue poco lo que tardé en acostumbrarme a los nuevos quehaceres, a mi nueva rutina, como lavarme por la mañana en el riachuelo, cuidar a los animales, procurar los alimentos y dedicarme a observar complacido la naturaleza. Me sentía totalmente limpio, puro como el aire que ahora respiraba, viendo salir el Sol por las mañanas y ocultarse por las noches, dándome perfecta cuenta, también, de la evolución lunar. Ahora podía escuchar el lenguaje de la naturaleza, el susurro de la brisa y el grito del viento, diciéndome cosas que se dejaban intuir, cuando ante mi vista cada mínimo detalle adquiría un significado concluyente, pues lo que me rodeaba era partícipe de una esencia compartida. Todo esto, concluí, era lo que me había robado mi antigua civilización, lo que ahora suponía mi mayor tesoro.

Y así fue pasando el tiempo sin tiempo, sin mayor novedad, hasta que al final del verano apareció un grupo de muchachos, todos montados en bicicletas y al alboroto del griterío del que eran partícipes. Traté de esconderme para que no me vieran, pero todo intento fue inútil, pues casi llegaron hasta la puerta de mi refugio y los tuve que echar de allí con los mismos gritos que ellos expresaban. Su reacción fue, además de los insultos, lanzarme todo tipo de piedras (munición por ahí más que abundante), entre las risotadas que se concedían a costa de burlarse de mi presencia. No pude más que taparme los oídos y esperar a que se fueran, ya cuando el Sol estaba a punto de ocultarse. Entonces me invadió una sensación extraña, de como si me hubieran desprovisto de algo sustancial, quizá la tranquilidad, mi recién conquistada armonía con el mundo, y sentí algo parecido al miedo, un mal presentimiento.

Al día siguiente, cuando el Sol ya estaba en su cenit, regresó el grupo de muchachos con sus bicicletas y sus gritos, pero esta vez en mayor número. Rápido empezaron con su deleznable estrategia de lanzar, hacia el lugar donde me encontraba, toda arma arrojadiza al compás de risas e insultos. Aguanté como pude, lanzando más de una piedra, hasta que por suerte logré descalabrar al que los comandaba. Entonces me serví de celebrar la victoria envuelto en alaridos, de tal modo que su reacción fue la de agarrar las bicicletas y huir pedaleando a toda prisa, con una polvareda tras de sí. Esta vez sentí la satisfacción por defender aquello en lo que creía, por expulsar a los futuros vasallos y ya integrantes de la civilización de tiempo, y disfruté con una sonrisa la puesta del Sol y el resurgir de las estrellas.

Pasé dos días bastante tranquilo, con la rutina acostumbrada de ordeñar las cabras, recoger los huevos puestos por las gallinas, rebuscar algún que otro tubérculo silvestre, cazar saltamontes para el aperitivo, con el baño en el río y el retozar bajo la sombra de algún árbol, entre el canto de los pájaros y el sonido de las hojas movidas por la brisa, hasta que a lo lejos divisé varios vehículos acercándose. Rápido corrí hacia mi refugio, para agazaparme detrás de una roca y observar a los intrusos que cada vez estaban más cerca. Pararon en el rellano de antes de iniciar la leve subida al cerro, a unos cincuenta pasos de distancia, cuando ya podía distinguir al grupo de niños rezagados en bicicleta. El corazón lo sentía ligero y la inquietud me dominaba, de tan sólo pensar en que yo era el objeto de tal expedición de reconocimiento. De los coches bajaron algunas personas, en su mayoría pertrechadas con cámaras fotográficas, que no dudaron en mirar y caminar hacia donde un chiquillo les indicó. El dilema era el siguiente: huir o enfrentarme a ellos. Me decidí por lo segundo, y no vacilé en subirme a una roca para gritar: “¡Por favor, déjenme en paz! ¡Sólo quiero vivir tranquilo!”; y así lo repetí en varias ocasiones, de una manera no ofensiva pero a la vez con cierta determinación. Y el resultado fue que no siguieron avanzando, pero, en cambio, me enfocaron con los objetivos de sus cámaras fotográficas y teléfonos móviles, para tomar un registro visual de lo que para ellos suponía un insólito acontecimiento. Los niños de las bicicletas, que ahora parecían más silenciosos, se juntaron con los mayores. Esta vez, por lo menos, no se repetiría el acoso de pedradas e insultos, pues en ningún momento consideré que mi integridad física pudiera correr algún riesgo, a pesar de presentir que el mundo se quebraba bajo los pies. Seguí repitiendo mi reclamo hasta que, después de un rato, igual que llegaron se fueron, primero los adultos en los coches y los niños dando pedaleadas por detrás.

Aquella tarde recibí la noche sin ver ocultarse el Sol, pues el horizonte estaba lleno de oscuros nubarrones. Más tarde tampoco pude observar el cielo nocturno, porque las espesas nubes cubrieron todas las estrellas, y la Luna sólo se dejaba percibir por un halo tenue y difuso. La preocupación me asaltó para dar paso al insomnio y a un sinfín de pensamientos negativos que, a su vez, me conducían directo hacia las esferas de la obsesión, en una dinámica realimentada hacia una salida sin retorno, como una espiral que ansiaba buscar el infinito. “Ya nada sería igual”, pensé, como más tarde así sucedió.

Día a día, y de manera creciente, todo cambió respecto a mi relación con los alienados del tiempo y, a fin de cuentas, con mi nuevo proyecto de vida, pues cada vez fue en aumento el número de intrusos y curiosos que se acercaban a los pies de mi refugio, todos provistos de cámaras fotográficas y de vídeo, con la intención evidente de arruinar mi nueva armonía, en algo que interpreté como una lucha contra todo lo que yo ahora representaba. La civilización destructora de la naturaleza, el humano aniquilador, no perdían la oportunidad de enterrar cualquier expresión contraria a las leyes del tiempo que les regía, de acorralar como una animal perseguido y en extinción a quien osara a rebelarse contra la autoridad inmoral de toda una historia plagada de guerras fraticidas. Por eso me negué a marchar a otro lugar, a huir como un cobarde, pues siempre, una y otra vez, volvería a suceder lo mismo. Lo mejor sería aceptar mi destino y luchar por mantener mi independencia frente a los esbirros del tiempo, y dar la vida, si fuera preciso, por mis ideales.

Ahora me sabía un héroe en defensa de todas las especies del planeta, el último vestigio de una razón perdida, cuando, a mis pies, ya entusiastas multitudes se juntaban para verme como si fuera una atracción de circo. No se hicieron esperar los reporteros de letra impresa y de televisión, y ya me imaginé como portada de revistas y tema de noticiarios y otras tertulias destinadas para una audiencia “subnormalizada”. Cuando salía de mi refugio, y me dejaba ver, las gargantas exclamaban asombradas; pero si alguien osaba acercarse demasiado a gritos y pedradas lo alejaba. Ellos, en cambio, me arrojaban piezas de fruta y cacahuates.

Un día, que ahora puedo determinar con exactitud en su fecha, toda mi existencia tomó los derroteros de la incertidumbre, por no haber sido capaz de librarme en su totalidad del predominio de esa cultura del tiempo que lo empapa todo y que, por consiguiente, se volvió a apoderar de mis más preciados pensamientos, pues los estados de ánimo y todo acto ya dependían de la pugna en la que me veía inmerso, y así no me pude contener cuando empujé al camarógrafo de un programa de televisión que tuvo la osadía de llegar hasta la puerta de mi refugio, que luego cayó aparatosamente para romperse el cuello y morir.

Ahora estoy encerrado en una celda, acusado de homicidio imprudencial y otros delitos, mirando los barrotes que me separan del mundo, contando sin remedio los segundos, los minutos, los días, las semanas, los años, para poder recuperar la libertad y siempre bajo la inevitable permanencia del tiempo.



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miércoles, 13 de enero de 2010

AULLIDO POSTHUMANO

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Y me trepo a lo más alto del árbol más alto de Weblandia para dar mi último aullido, como el de Allen Ginsberg pero anunciando a otra generación el final de los tiempos:

“Yo escribo con balas de plata para ir directo a tu corazón, para dejar en él la impronta de mi fracaso. Yo soy la voz interior de un escritor, una voz que se escapó de un libro sin final, un libro infinito del cual ya me cansé, un libro que jamás se escribió; de ahí el origen de mi fracaso ante algo que es una idea inconclusa. Pero a pesar de todo estoy aquí, con este grito que será la expiación de todos mis pecados, sin olvidar, desde luego, que sólo soy una voz por ahora sin cuerpo. El alma sí la tengo, es esta energía que se manifiesta haciéndome escribir estas palabras de plata, tintura reflectante de mi realidad: La realidad de un fracasado.

Tengo la sospecha de que tú vienes aquí como un voyeur, para saber qué se esconde detrás de esta voz, cuál es su esencia y si te puedes reconocer en ella. Pero yo sólo vengo a decirte verdades, porque las mentiras competen exclusivamente a la especie humana. Ése es tu fracaso, mucho peor que el mío; ésa es tu pérdida como ser humano. ¿Vas a hacer algo por cambiar la Historia? ¿Acaso no ves cómo anda el mundo que habéis creado? ¿No me digas que estás satisfecho? Lo mío no es nada en comparación con lo tuyo, y aquí estoy para escupir mis balas de plata en tu corazón, para que muera dentro de ti ese ser despreciable y así puedas cambiar tu conciencia.

Y ahora, después de terminar de leer estas palabras, levántate del asiento, mírate en el espejo y comprobarás que no eres mejor que yo, esta voz que te habla, porque perteneces a la peor especie del Universo.

Después de mirar en el espejo ni siquiera lograste contemplar tu alma, tan sólo un rostro de carne y hueso, un cuerpo mortal, no como esta voz que flota en el espacio y vivirá por siempre, porque es tan inmaterial como la esencia de un alma que no se esconde dentro de nadie. Quizá ya empieces a ver la luz que se cuela por una rendija, por la corteza abierta de tu piel, justo ahí por encima de tus cejas, en la frente; quizá ya sientas su calor, quizá ya alcances a entender algo de lo que te digo. Pero primero es necesario que te des cuenta de tu fracaso, de otra forma no podré hacer nada por ayudarte porque ya estarás muerto para la gloria. Así es, muerto para la gloria y muerto para todo, porque lo que te espera ni siquiera lo imaginas, está por encima de los límites de tu razón humana, algo que se esconde detrás de la cortina de este mundo material que tanto amas. No hay nada si no crees en ello, y se esfuma antes de que lo hubieras intentado. Hoy es un gran día, no pierdas la oportunidad de conocerte un poco más, de mirar en tu interior para tratar de ver aquello que perdiste antes de haber nacido.

Ya te dije que estoy aquí para cambiar tu conciencia, para que dejes de ser como los demás, esa masa que puebla este planeta; para que cuando camines por las calles entre ellos sepas de tu diferencia, por tener en tu mente y en tus manos el poder para cambiar el mundo. Pero primero, ya sabes, tienes que empezar por dentro, por tus ideas y sensaciones, y así abandonar tu antigua manera engañosa de ver la realidad. Ya sé que no será fácil cambiar de un día para otro como por arte de magia, pero el tiempo, con su transcurso, te abrirá la visión clarividente del futuro; es el atributo que debes desarrollar, esa parte dormida: el arte de la intuición, el de sospechar qué pasará. Hasta los animales presienten la catástrofe cuando el humano no sabe ni lo que tiene bajo los pies, lo que se alza ante su vista más allá del horizonte, porque su visión es corta, demasiado corta.

En la mano tienes la semilla; mírala e imagina el árbol que está dentro de ella. Busca más allá del tiempo presente y encontrarás todas las respuestas. Ése es el punto de antes del punto de partida.

Todos vienen a la vida para cumplir su designio. Algunos a hacer el amor y otros para matar. Tú tienes la capacidad de decidir tu destino, para dejar de pertenecer a la especie de los asesinos. Mira la Historia de la Humanidad y verás su fracaso. Guerras, guerras y más guerras; sometimiento, mentiras, ansias de poder y envidia. ¿No te diste cuenta? El largo camino que se buscó ya llega a su final, y tú estás ahí, en medio de todo mirando sin hacer nada, con los brazos cruzados como una gran mayoría complacida ante semejante realidad. Por esa razón, ahora tienes que quitarte la marca de la frente, la marca del asesino que tienen programado para ti.

Todavía continúas sumido en esa oscuridad que te imprimieron, de la confusa especulación de los corazones de hielo a los que nada importa, de algo tan evidente que hiere a la inteligencia, que se acepta como un acto natural; y así están todos satisfechos ante ese algo que se cree no tiene solución. Es la complacencia inútil de los inútiles, es, a fin de cuentas, la esencia mezquina del humano.

Tengo balas de plata. Tengo balas de plata para tu corazón…

Si quieres que te diga la verdad, no creo que todavía hayas sido capaz de cambiar. ¿Y qué han hecho mientras tanto los dirigentes de las naciones de este planeta? ¿Planear la próxima guerra? ¿Seguir construyendo armas? ¿Seguir engañando a quienes gobiernan? Ellos no pierden el tiempo para alienarte, no lo olvides, juegan con ventaja sobre ti. Sólo espero que cuando comience la próxima guerra, la definitiva, no acudas en defensa de ninguna patria, porque tu patria está en ese corazón que no paro de atravesar con mis balas de plata. Tú no naciste para matar a tus semejantes, tú naciste, simplemente, para amar. Rechaza la guadaña que te será entregada, y no pierdas la poca dignidad que como humano te queda.

No pienses ahora que ésta es voz la de un profeta, porque no lo soy; sólo soy, en parte, tu conciencia perdida, ésa que te robaron antes de nacer todos tus antepasados y los antepasados de todos tus antepasados, los que construyeron este mundo de mierda, esta incivilización heredada por los que no fueron capaces de cambiar nada. Ellos, desde luego, no son como tú y como esta voz que te habla.

Recuérdalo siempre: Tú no eres ni serás un asesino.

Si ya crees fervientemente en ello ya dejaste de ser humano, ahora eres posthumano. Pero la cuestión no es tan fácil como parece por el simple hecho de haber decidido no ser un asesino y no formar parte del ejército que luchará en la guerra que se avecina. Mira a tu alrededor, ¿no te das cuenta de que perteneces a una minoría? Los posthumanos son muy pocos en comparación con aquéllos que elegirán la violencia, los que defenderán la patria de los impostores, los que lucharán por el dominio del planeta. Ahora eres un infiltrado, un cáncer para esa sociedad a la cual ya no perteneces por escapar del troquel de su alienación, por no pensar como todos y no seguir caminando por la raya que te marcan. De ello tienes que estar orgulloso, es un gran logro, no lo dudes, ya no eres un mediocre al servicio del poder.

Busca, busca y encontrarás; la huella está entre los pedregales de un camino difícil, casi imperceptible para los ignorantes; la hallarás si escuchas con atención el impacto de estas balas de plata en tu corazón. Entonces comenzará tu lucha, la definitiva y verdadera.

Esta Humanidad ha fracasado y camina hacia el ocaso. Las naciones están gobernadas por el poder del dinero, y sus ciudadanos en nada les importan. Este planteamiento no es subversivo, es la realidad. Te repito: mira hacia atrás y contempla la Historia. No habéis logrado nada y vuestro mundo va directo hacia la distopía, ahí es donde os llevan vuestros dirigentes. Sois, para ellos, un número nada más, una pieza dentro de un mecanismo productivo para llenar sus bolsillos. Y mandarán a sus gobernados como animales al matadero para luchar por su dinero, piezas de un macabro juego que ya están planeando. Al llegar el momento debes saber rechazarlo, alejarte ahora en tus pensamientos y convicciones. La mentira y la coacción es su ideología, con ella someten a la Humanidad, y tú no serás cómplice de semejante engaño ni marioneta de nadie. Corta los hilos, corta los hilos…

Balas de plata, balas de plata para tu corazón; eso es lo que yo te entrego.

Sé que corremos peligro por pensar diferente, por creer en el amor y en la paz, esos valores que ahora son subversivos para ellos. ¿Cómo puedes creer en tus dirigentes cuando hacen la guerra, cuando desvirtuaron la verdad, cuando su moneda es la violencia? Muchos mueren de hambre y enfermedades mientras ellos siguen fabricando armas para el exterminio. Ya se ha dicho muchas veces: El hombre es el lobo del hombre.

¿Ves? Tú ya no eres así. Prométeme que no matarás a tus semejantes, que no serás como ellos. Ésta es la única vida que tienes para abrir la puerta, no pierdas la oportunidad de ver la luz que allí te espera. Nada es comparable con la dicha de saberse limpio, para encontrar la vida que se esconde detrás de su término. Ahí es donde inicia la conciencia ilimitada de la que ya estás formando parte. Tú vivirás por siempre, no lo olvides, en el recuerdo de esta Humanidad vencida y en los espacios infinitos de un lugar que está por encima del tiempo.

Mira las estrellas en una noche despejada y comprobarás la grandiosidad del Cosmos. ¿Cuánto hace que no las mirabas? Ya se perdió el contacto con la Obra de la Creación, con una naturaleza cada vez más cercana a su exterminio. Al menos la mano del hombre no llega a los astros para mancillarlos como hacen con su planeta. La Humanidad es mucho peor que una plaga de ratas en un hospital, que una guardería infantil repleta de cucarachas. El humano destruye su planeta día a día en aras de una prosperidad difusa, y nada le importa, la agresión continuará sin cesar hasta acabar con todo. ¡Qué más dará la herencia para sus descendientes! El hoy es lo único que importa mientras pisotean lo que encuentran a su paso. Crean leyes y más leyes, cuando transgreden las fundamentales, las impuestas por un juicio que escapa de su cognición.

Los humanos, como ves, sólo pueden apreciar el presente y siempre aferrados a la materia, a esos papeles de colores con los que pueden pagar todos sus caprichos, por los que incluso son capaces de matar. Amasar grandes cantidades de dinero es lo primordial, la ambición de una mayoría. ¡Qué poco vale la vida! ¡Esos papeles de colores son más valiosos que el llanto de un niño cuando muere de hambre!

Tú, al menos, ya no eres como todos ellos, eres posthumano. La diferencia es grande porque ya no perteneces a la especie más depredadora del Universo, la especie de los asesinos, los que matan a sus semejantes, los que pretenden acabar con la vida en su planeta. Ellos todavía no te reconocen porque exteriormente te perciben igual. Eres ahora un extraño en su mundo infame, esperando el momento de la redención. Tú lucharás por establecer las bases de un mundo diferente.

Los posthumanos algún día poblarán este planeta, ellos resurgirán de las cenizas de una civilización perdida y después de aprender la lección más dura y ante el ejemplo de la barbarie sucedida: de ríos de sangre, pestilencias y destrucción.

Los que hacen de este mundo lo que es, tienen el mismo valor que una mierda de perro pegada en la suela de tu zapato, porque ellos jamás verán la luz. Qué rían y disfruten mientras puedan, pues su tiempo es corto, tanto como el suspiro de quien encuentra la inmortalidad después de la muerte. ¿Qué sentido tendría la vida? Yo te digo que detrás de tu existencia material hay mucho más, pues de allí proviene esta voz que te habla. Ya te advertí que yo no miento, pues la mentira es un atributo de la especie humana. Algún día te darás cuenta de todo esto y lo verás tan claro para no ser capaz de dar macha atrás.

Esta voz vino a buscarte desde muy lejos, desde más allá de las estrellas, y todo para convencerte de que eres especial. Tienes el poder que yo te entrego, al menos para discernir el engaño que inunda este planeta. Es el presente lo que engendra el futuro, y cuando la semilla no es buena es imposible que el árbol y el fruto lo sean. Yo te enseñaré el árbol de la vida y de la muerte, la semilla ya la conoces. Mi mayor secreto ya fue develado. Piensa lo que quieras, da mil vueltas a esa idea y saca una conclusión. Es difícil de comprender, pues todo está y no está por escapar de una ley que compete a la materia. Es mucho más de lo que es y mucho menos que nada, pero siempre permanece por encima de todo, dentro y fuera de su energía inmaterial. Es como un pensamiento, como esta voz… ¿la vas a medir?, ¿osarías pesarla en una balanza? Entonces, ni siquiera te plantees dilucidar algo que está fuera de tu alcance. Todo es secreto cuando nada se comprende, no hay duda que se pueda esclarecer, no hay respuesta ante lo desconocido, y sólo debes creer a pesar de ese vacío. La vida es un laberinto con dos salidas: una hacia la oscuridad y otra hacia la luz. Es fácil de identificar los senderos, saber cuál de ellos debes seguir.

El ocaso de la Humanidad ya se acerca, y yo sólo tengo balas de plata para ti.”



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